La profundización de la crisis económica y la excesiva retórica de los partidos políticos -de todos ellos- está llevando a una ruptura de relaciones interpersonales, que daña el día a día de la convivencia.

Desde luego, la falta de empleo, el consecuente empobrecimiento y sus derivados sociales no beneficia el dialogoY, sin embargo, el diálogo, insustituible siempre, es de primera necesidad en épocas críticas como ésta. 
 
El diccionario define el diálogo como: “debate entre personas, grupos o ideologías de opiniones distintas y aparentemente irreconciliables, en busca de comprensión mutua”. Perfecto y posible. Los problemas surgen cuando las ideologías se presentan como talismanes capaces de resolver, no sólo las angustias coyunturales, si no las más profundaaspiraciones intelectuales y morales del ser humano. Nuestra época es crítica en todos los campos, de manera especial en el de las esperanzas que nacieron bajo la supuesta bondad natural del ser humano.
 
El siglo XX , el más sangriento de la historia, se ha llevado, junto a la atrocidad de sus guerras y posteriores calamidades, la muerte de un mundo soñado por el socialismo y el liberalismo que, desde el principio, se presentaron como redentores. Ambos están ahí tratando de mantener en pie lo que queda de ellos. De momento, no tenemos otra cosa aquí abajo, así que mientras surge una alternativa habrá que utilizarlas.
 
Pero el hombre es más que eso. El hombre es una nostalgia de Dios. El hombre es persona dialogante abierta al infinito. Nada puede amortajar lo que de verdad desea; desde luego algo más que una actualización de ideas rotas por la realidad. La realidad aparece tremenda en cuanto la miras de frente. Muestracon toda frialdad, una montaña de egoísmos individuales y colectivos que hacen fracasar y envejecer lo que se le ponga por delante. Es necesario volver al diálogo por encima de convenciones políticas. No sólo es necesario. Además, es urgente.