Cáritas ha logrado el acuerdo general de una inmensa mayoría de españoles; casi un milagro en esta tierra de permanentes disidencias.
Hubo un politólogo inglés -no recuerdo su nombre- convencido de que lograr unanimidades entre españoles es tan difícil como subir al Everest.
En esta ocasión, insisto, todos celebran y aplauden la labor asistencial de esta institución que, conviene decirlo, no es un organismo patrocinado por la Iglesia, sino la Iglesia misma: la Iglesia haciendo lo que ha hecho siempre en silencio, sólo que, ahora, y no precisamente de manera buscada, con inevitable cobertura popular.
Para los católicos es motivo de gran alegría. Nos encanta que esta acción haga posible que se conozca y reconozca a la Iglesia sin prejuicios, incluso por recalcitrantes anticlericales. Pienso en todo esto después de ver un estupendo reportaje audiovisual del realizador Alejando Toledo.
Según cuenta el propio Toledo, encontró, por casualidad, a un antiguo colega en un comedor de Cáritas madrileño y, motivado por este hecho, sintió la necesidad de divulgarlo. El video es magnífico sin paliativos y refleja, con fidelidad, la labor que, en este momento difícil, lleva a cabo la Iglesia. Quizá merezca la pena reprocharle un detalle. La narración audiovisual termina diciendo “En Madrid, muchas personas han perdido la esperanza”. Más bien debiera decir, “en España”. La actividad de la Iglesia abarca a todo el país y, conviene resaltarlo. Simple matiz que, sin embargo, merece la pena.
