Cuando se acusa a la tecnología de perjudicar las relaciones sociales se suele responder con toneladas de argumentos favorables a la misma.
Lo que pasa es que en los argumentos que se esgrimen se olvida una reflexión ¿Qué influencia tiene las tecnologías sobre las personas que viven en la misma casa? Estos días, dos estudios dan que pensar sobre las preferencias de más de uno. En primer lugar tenemos una encuesta realizada en EEUU, según la cual el 65% de los hombres pasa más tiempo con el ordenador que con su mujer. El 52% de estos hombres reconocía que su último problema informático le había producido sentimientos como ira o tristeza. Pero eso no impedía que el 84% de los encuestados se sintiera más dependiente de su ordenador doméstico de lo que era hace tres años y por extensión más alejado de su pareja.
La segunda encuesta tiene su aquel y da qué pensar: uno de cada ocho hombres dejaría a su pareja a cambio de un iPod nuevo, una pantalla panorámica, un home cinema o incluso una nevera. Es decir, el 13% de los hombres prefiere tener el último artilugio del mercado antes que una pareja. Un orden de prioridades que sólo comparte el 6% de las mujeres. En ambos casos, los porcentajes suben cuanto más jóvenes son los encuestados.
