Un periódico español de gran tirada anuncia y concreta cierta idea que viene cociéndose desde hace tiempo en amplias capas sociales de casi todo el mundo.
De manera especial en el ámbito de lo que se conoce como “países desarrollados”. Me refiero a, nada menos, que una “huelga mundial”.
Parece de ciencia ficción y, sin embargo, muchos creen que sería la gran oportunidad de producir una gran llamada a las conciencias y el medio de cambiar la marcha de la historia que parece caminar a una “cristalización” de la injusticia.
Según estadísticas más o menos fiables pero indicativas, cada año aumenta el número de personas antisistema dispuestas a “volar” eso que llamamos el orden establecido. Tras el caos que produciría algo así, se pondrían las bases de un universo nuevo. Cabe pensar o, mejor dicho, repensar cuales serían sus bases. Me refiero a los cimientos de ese mundo nuevo en el que tantos sociólogos, políticos y, en general, “gentes de buenos deseos” han tratado de diseñar en varias épocas cruciales del trascurrir humano. Desde la Utopia de Tomas Moro hasta los Falansterios de los socialistas primitivos y ¿por qué no citar a la mismísima Torre de Babel?
La cultura actual es el resultado de muchos proyectos frustrados, de mil situaciones rotas. En cualquier caso, convendría preguntarse por los posibles cimientos de ese otro nuevo mundo de los antisistemas. Nosotros los cristianos seguimos recordando las palabras del Señor Jesús: “ sin mí nada podéis hacer” O, para entendernos, sin el amor de Dios en el corazón del hombre del que nace la solidaridad fraterna, solo se instauran nuevas utopias, como la misma historia demuestra.
