Hay periodistas que al mismo tiempo que se van haciendo mayores se van adocenando y perdiendo frescura en sus intervenciones. Sus parrafadas se basan en lugares comunes e intervenciones buscando lo políticamente correcto.

Esta reflexión me surge después de escuchar una parte del programa "Hoy no es un día cualquiera" que dirige Pepa Fernández los sábados y domingos por la mañana en Radio Nacional de España. En la edición del día 7 de abril, ya a última hora, emitieron la sección en la que un acertado Juan Carlos Ortega -un tipo que me encanta por su lenguaje sencillo y poético- escenifica un cuentecillo que siempre nos deja una profunda moraleja. Es este caso -y no sin razón- criticaba algunas homilías que hacen dormirse a los feligreses. Lo hizo con gracia y buena fe y provocó una sonrisa en cuantos le oímos.

Inmediatamente José María Iñigo, uno de los “popes” de la comunicación con casi 60 años de experiencia periodística, sentenció la fórmula para arreglar las homilías. “Hay que olvidarse de tantas cartas a los corintios que ya nos sabemos de memoria y hablar de cartas más recientes. Tienen que contar cosas nuevas”. Poco conoce la Palabra de Dios este ilustre periodista. Pepa Fernández inicio un conato de protesta, pero pasaron inmediatamente a otra cosa. La Palabra de Dios es siempre viva, oportuna e intemporal. Otra cosa es que se explique bien o mal, con ganas o rutinariamente. Y, sobre todo, que se ponga en práctica. Especialmente el Capítulo XIII de la 1ª carta a los Corintios.