Hoy sábado santo es un día que disfruto especialmente por lo que de extraño tiene. Hoy es un día en blanco. Podríamos decir con el filósofo que Dios ha muerto. Y la liturgia de la Iglesia, que es sabia, así lo proyecta.

Sábado santo, el silencio paciente

Si visitamos un templo o está cerrado o lo encontramos vacío, sin sagrario. Está desnudo. Recuerda la muerte de Jesús, su descenso al lugar de los muertos, su descenso al infierno.  El infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno para los que cierran su corazón al amor de Dios.  El descenso al infierno significa que Dios vence a la muerte porque es justicia y sobre todo amor.  Si Dios odia el pecado es porque ama infinitamente a toda persona, porque  siente un amor tan grande que no se deja desanimar por ningún rechazo. 

Hoy sábado santo es día de misterio y tiempo de espera, de vigilia. Un día extraño porque estamos ante un silencio paciente mientras esperamos que Dios nos muestre su rostro en la noche santa de la Pascua.  Disfruta de este día en el que estamos suspendidos a la espera de la respuesta de Dios, porque como dice la poetisa somos un barro llagado en la garganta, una boca sin voz para cantar.