Son muchas las posibilidades que presta la televisión a los mayores de vivir más intensamente una vida mediatizada por la enfermedad o por las dificultades físicas.
Estaba participando en un programa de televisión como cada lunes. Me llamó una espectadora habitual, Josefa, una señora mayor que vive sola en un barrio periférico y que se encuentra impedida.
-Este año no he podido ver la Esperanza-, me dijo entre sollozos, -con la lluvia no ha salido la procesión-. La solución fue fácil: un coche en la puerta de Josefa un carrito de invalido, una llamada a la cofradía y el templo de la Esperanza abierto para una mujer feliz. Este es un caso extraordinario, normalmente la televisión mete las procesiones en nuestras casas. Josefa confía en los medios para que solucionen su problema. Una vez más la buena voluntad allana las dificultades.
Esta anécdota me hace agradecer, una vez más, las posibilidades que presta la televisión a los mayores de vivir más intensamente una vida mediatizada por la enfermedad o por las dificultades físicas. Los pertenecientes al “segmento de plata” pueden vivir ahora la Semana Santa con toda intensidad. Dos o tres canales de televisión retransmiten en directo todos los actos y procesiones que se celebran en estos días, (en este momento estoy presenciando las procesiones del Domingo de Ramos); el Sermón de las Siete Palabras, el Via-Crucis romano, los Oficios de Semana Santa, la Misa de Pascua, etc. Todo ello está al alcance de los mayores que no pueden o no quieren meterse en las bullas semana santeras. Es más, personalmente, vivo con más intensidad, cercanía y devoción las procesiones a través de las pantallas que en la calle.
