Todo eso es un espectáculo esplendido, digno de nuestra admiración, pero como he dicho antes, que esa belleza no nos nuble el verdadero sentido del desfile.

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Nos acercamos a la semana más importante para los cristianos, en la que conmemoramos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, venciendo al pecado y a la muerte.

Es muy gratificante para todos poder vivir este acontecimiento con la asistencia a los Santos Oficios y, también, ir a ver nuestros desfiles procesionales, que en nuestra ciudad son tan grandiosos y espectaculares. Pero como se suele decir, que el árbol no nos impida ver el bosque.

Tenemos en nuestras calles una catequesis pasando por delante de nuestros ojos, y no debemos desperdiciar esta gran ocasión para, con nuestros hijos y nietos, hablarles sobre lo que representa, el trono que en ese momento esté desfilando.

No nos quedemos sólo en ver lo bien que va la procesión, la Virgen con un arreglo maravilloso de flores, manto y palio, los tronos como nos tienen acostumbrados con ese ritmo único. Todo eso es un espectáculo esplendido, digno de nuestra admiración, pero como he dicho antes, que esa belleza no nos nuble el verdadero sentido del desfile.

Estaremos viendo, trono a trono, la salvación del hombre que es nuestra meta final. Procuremos tenerlo presente toda la semana, hasta llegar al gran día de la Resurrección. Para ese día, Feliz Pascua a todos.