¿Puede uno ser cristiano y optar por soluciones políticas que se opongan a la consecución de estos derechos o que presenten soluciones contrarias a los mismos?
En época de elecciones nos viene al pelo comentar algunos aspectos de la política. Ya los obispos andaluces, en su ponderada nota, indican puntos de reflexión a la hora de decidir quienes serán nuestros representantes en el gobierno de nuestra autonomía, en esta hora de crisis económica y de valores. “Es un deber moral el ejercicio del voto”. Por eso ofrecen “elementos morales de juicio a la hora de decidir el voto”. Lo prudente sería escoger la opción política que incluya en su programa los elementos morales acordes con la Doctrina Social de la Iglesia: el derecho a la vida con el rechazo al aborto, a la eutanasia, al abandono de los ancianos, a la protección de las futuras madres en dificultad; la protección legal y económica del matrimonio y la familia, fundado en la unión estable de un hombre y una mujer creando el ámbito natural de la crianza y educación de los hijos; el derecho a la educación y libertad de enseñanza, también de la religión de acuerdo con las creencias propias; la defensa de los sectores más débiles, los parados, los jóvenes, los emigrantes…
Para los católicos, estas orientaciones deben ser casi un imperativo moral. ¿Puede uno ser cristiano y optar por soluciones políticas que se opongan a la consecución de estos derechos o que presenten soluciones contrarias a los mismos? No es fácil. Por eso queremos traer aquí la cualificada opinión de Mercedes Aroz, ex miembro de la Liga Comunista Revolucionaria, ex miembro de la Ejecutiva del PSOE y cofundadora del PSC, convertida al catolicismo en 2008: “Cristianismo y Socialismo no son compatibles; porque la persona y su dignidad no están en el Proyecto Socialista.
El Socialismo tiene valores positivos en el ámbito de la justicia social, pero se basa en una concepción materialista del ser humano, y la persona y su dignidad no están en el centro del proyecto; lo están en una serie de valores colectivos, y esto es ideología”. “El político católico debe ante todo representar y defender los valores fundamentales del ser humano, siendo signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona. Sin respeto a los derechos fundamentales no existe un verdadero orden democrático”.
El bienestar como objetivo social es bueno, siempre que no deje pobres olvidados por el camino. Pero aún cuando la ayuda es necesaria para los que no alcanzan a tener lo imprescindible, la subvención no es siempre la solución, sobre todo cuando se convierte en asistencia. ¿No es más justo "promover la estima del trabajo y del sacrificio como medio justo para el logro del bienestar”? ¿No estamos todos de acuerdo en que es más eficaz enseñar a pescar que dar pescado unos cuantos días a los que no tienen para comer?
Ahí va lo que hemos comentado esta semana. Ahora toca pensar en estas cosas y decidir. ¡Camarero, hoy Paco nos paga el café!
