Un grupo de importantes profesionales alemanes han decidido ordenarse como diáconos; dentro de algún tiempo serán sacerdotes. Son personas de diferentes disciplinas, alta y demostrada cualificación profesional; médicos, ingenieros, profesores…

Veinte diáconos especiales

Un grupo de importantes profesionales alemanes han decidido ordenarse como diáconos; dentro de algún tiempo serán sacerdotes. Son personas de diferentes disciplinas, alta y demostrada cualificación profesional; médicos, ingenieros, profesores… Varios periódicos europeos, incluso alguno de los llamados “amarillos”, le conceden a este “acontecimiento” referencias en primeras páginas.

Como se sabe, toda noticia cabalga sobre lo insólito o, al menos, sobre lo desacostumbrado. Y, desde luego, algo así no es precisamente frecuente. Muchas veces, el desánimo ante un mundo a la deriva ensombrece la visión del futuro. Es cierto que la cultura en la que nos movemos propicia los colores de la vida más que la vida misma, pero hay “sitios” esperanzadores que animan a creer que, por encima del aquí y ahora, se mueven deseos íntimos y poderosos de trascendencia.

Recuerdo ese momento bíblico que puede leerse en la Biblia, primer libro de los Reyes. El profeta Elías huye perseguido por la infidelidad del pueblo que ha abandonado a Yahvé, su Dios. El mismo Dios le conforta: «Dejaré un resto de siete mil que no ha doblado sus rodillas ante Baal». Siete mil es un número simbólico que indica perfección. Baal es el Dios del paganismo. Paganismo es todo el entramado social de poder, dinero y violencia que rige el pensamiento de nuestra época angustiada bajo la injusticia de unos pocos. Si, parece evidente. Los periódicos informan que, en este momento, como en el de Elías, Dios no ha dejado la Historia a la deriva de Baal.