Me atrevo a decir que salvo aquellos que por diversos motivos tienen la obligación de no sorprenderse, el último soliloquio político les ha dejado atónitos.
Dice Rubalcaba que el anterior gobierno admitió democráticamente las manifestaciones de los obispos, emparejados con la derecha, y éste debe hacer lo mismo con las algaradas estudiantiles-sindicales ahormadas con la izquierda. Termina el discurso con un pensamiento que debiera figurar en los florilegios de las mejores moralejas: “cada oveja con su pareja”.
Hay motivos para quedarse con la boca abierta. Me consta que muchos ciudadanos lo están. Es más, me atrevo a decir que salvo aquellos que por diversos motivos tienen la obligación de no sorprenderse, el soliloquio les ha dejado atónitos. Vamos a ver, los obispos no convocaron a nadie. Fueron diversas organizaciones que sintieron, en sus sentidos y en su alma, la bestialidad casi cavernícola del aborto. Fueron gentes pertenecientes a todo el abanico de sensibilidades sociales convencidas de que nada destroza tanto a las mujeres como el aborto. Entre los manifestantes había muchos -muchísimos- convencidos de que la vida es de Dios y sólo Él tiene la potestad de darla o quitarla. Los obispos se sumaron a los principios motivadores de la manifestación porque, de otra manera, se hubieran traicionado a sí mismos. La autotraición es deserción y las deserciones siempre son inmorales. Quisiera recordar que en aquella manifestación no hubo agresiones, ni ruptura de cristales, ni insultos…
Dicho esto merece la pena agregar que la intención traicionera de unir la acción de la izquierda con el aborto es engañosa, aberrante incluso. La izquierda consiste en impedir la acumulación indebida de dinero en pocas manos privadas, en propiciar un reparto equitativo de la riqueza, en crear, en fin, un “homo faber” (un hombre nuevo) que no esté sujeto a la esclavitud del dinero ni a la de otros hombres. La evidencia del fracaso en conseguir “ese hombre” lleva a esta especie de surrealismo moral. Es necesario proclamar que sólo el Señor Jesús puede conseguirlo.
