Los personajes mayores de las películas y las series televisivas presentan una situación de “carne de asilo” o, por el contrario, viejos poderosos, egoístas y resentidos.
Llevo más de cuatro años investigando sobre el papel que los mayores desarrollamos en la televisión. Es un desastre. Nos consideran un montón de salidos lampando por una relación e incapaces de vivir lejos de la cachaba y la mesa de camilla.
Los personajes mayores de las películas y las series televisivas presentan una situación de “carne de asilo” o, por el contrario, viejos poderosos, egoístas y resentidos. Las cámaras buscan a los mayores para confirmar la idea de que somos unos retrógrados integristas. En lo referente a los creyentes del “segmento de plata”, presentan una generación de cera y velillo, cuando, por el contrario, la mayoría “damos el callo” en Caritas, en las parroquias y en las ONGs.
Tenemos que recuperar nuestra imagen o crearla por nuestros propios medios. En esas estamos. Unos espacios de comunicación hechos por mayores, para mayores y con temas que interesan a los mayores. Lo de Juan y Medio está bien. Pero tenemos que hablar de cosas más trascendentes.
