Cualquier mirada desapasionada y objetiva, puede captar que la influencia del cristianismo ha sido decisiva en la libertad, el progreso y la felicidad de las gentes a donde llegó
En el mundo trepidante del periodismo, prima la noticia. Antes que todo. Pero la noticia se mueve sobre los rieles de la velocidad. Eso conlleva riesgos inevitables. Por ejemplo, tiene más superficie que fondo, cosa que le hace perder algo de su credibilidad. Solo hay una excepción, la reiteración. Cuando la noticia aparece repetida una y otra vez es cierta. De acuerdo con ello, resulta aterrador el abanico noticioso y reiterado que nos llega de la llamada “Primavera árabe”. Desde luego no parece que esa primavera termine por cuajar en tolerancia, entendimiento, comprensión, mejora de las relaciones humanas… etc que, al menos teóricamente, son los cimientos de lo que, según algunos, persigue esa primavera.
Lo cierto es que la desaparición de los tiranos de toda la vida termina, según parece, por entregar el poder en manos del exclusivismo islamista que no admite alternativas. Acaba de saberse que en Egipto se lleva a cabo un robo programado de niñas para conducirlas al ámbito del radicalismo. Coincidiendo con esta noticia leo que en Cádiz un hombre ha golpeado con dureza a su mujer porque ella se negaba a vestir con el tradicional “hiyab”, el velo que secularmente debe llevar la mujer musulmana.
Hace años, un importante político español dijo, y no se arrepintió, que fue una verdadera lástima histórica que don Pelayo aquel primitivo rey cristiano de los reinos del norte, debió quedarse en Covadonga y no extenderse hacia abajo. Hombre, uno, a la vista de los resultados, no tiene más remedio que alegrarse. Es que cualquier mirada desapasionada y objetiva, puede captar que la influencia del cristianismo ha sido decisiva en la libertad, el progreso y la felicidad de las gentes a donde llegó. ¡Ah! Además, y no es poco, en esa “primavera” crece de día en día la persecución contra los cristianos. ¿Por culpa de don Pelayo?
