Una controversia sobre Dios ha trascendido los límites habituales, científicos, docentes, religiosos... para ocupar espacios de primeras páginas.
Resulta insólito o, al menos, desacostumbrado en un mundo tan materializado como el nuestro. Pero se ha dado. Una controversia sobre Dios ha trascendido los límites habituales, científicos, docentes, religiosos, etc. para ocupar espacios de primeras páginas. En España, nada menos que al País y el Mundo. Alguno, con inevitable sarcasmo muy progresista y “superador” como refleja el título escogido: los obispos también proceden del mono. La diatriba la han protagonizado el célebreDawkins y el arzobispo de Canterbury, Rowan Willians. Seguramente recordarán a Richard Dawkins. Fue aquel ateo propagandista que pagó una campaña para que se escribiera en los autobuses urbanos la leyenda “Vive como quieras. Probablemente Dios no existe”. La conversación ha tenido como base la tan traída y llevada “teoría de la evolución” Por cierto, a partir de una simplicidad tal como la procedencia humana a partir del chimpancé. La verdad es que el obispo ha querido entrar en terrenos de mayor profundidad científica y teológica, pero Dawkin lo ha eludido según se deduce de las informaciones de prensa.
No voy a entrar en detalles; es imposible para mí. Pero la teoría evolutiva es más que eso, mucho más. Y para explicarla hay que entrar en ella con mayor profundidad. Una frase del arzobispo me ha conmovido. «No puede explicarse el mundo solo por las leyes de física, sino por una mezcla de amor y matemáticas» O sea -pongo como ejemplo- la ley de la gravitación universal: «los astros se atraen en razón directa de sus masas e inversa al cuadrado de las distancias» Matemática pura pero, sobre ella, el Amor infinito de Dios que ha preparado matemáticamente un lugar para su criatura.
Termino diciendo que hay otra fórmula para averiguar la existencia de Dios; preguntárselo a Él. Aquel que se ha hecho Hombre no dejará sin respuesta al hombre o mujer que le busque de corazón.
