Tenemos que recuperar el sentido de las palabras. Hablar con orgullo de nuestra esposa-esposo, nuestra mujer-marido, etc. Y darles el valor que tienen.
Aquellos que deberían cuidar el lenguaje; aquellos que deberían enriquecerlo cada día; aquellos que estamos en el escaparate de los que intentan conocer la riqueza del lenguaje castellano; en suma: los medios de comunicación, estamos cayendo en el error de empobrecer nuestro idioma como consecuencia de caer en la tentación de utilizar los términos políticamente correctos.
A mí, personalmente, me repatea un término usado mayoritariamente por los escribas y, como consecuencia, por los interlocutores “modernos”. Se trata de la palabra “pareja”. El diccionario de la lengua recoge entre otras entradas las siguientes:
3. f. Conjunto de dos personas, animales o cosas que tienen entre sí alguna correlación o semejanza, y especialmente el formado por hombre y mujer.
4. f. Cada una de estas personas, animales o cosas considerada en relación con la otra.
El problema surge cuando se utiliza esta palabra para evitar algo de lo que parece ser que nos avergonzamos. De tener “una correlación” seria con el otro. Así evitamos hablar de nuestra esposa, nuestra mujer o nuestra “señora”. Hablamos de nuestro compañero-a o de nuestra pareja, con el consiguiente problema de concordancia, a fin de evitar el decir si es hombre, mujer o progenitor “uno o dos”.
He escuchado como sufría una gran locutora de radio hablando de su “contrario” (otro palabro de moda). Se refería a él como: “mi pareja que es valenciana”, perdón… de Valencia… es un hombre. Menos mal que no se atrevió a decir: ”mi parejo valenciano”.
Tenemos que recuperar el sentido de las palabras. Hablar con orgullo de nuestra esposa-esposo, nuestra mujer-marido, etc. Y darles el valor que tienen. El que se conforme con un compañero-compañera; pareja-parejo o progenitor uno o dos, peor para él. Perdamos la vergüenza de ser normales. Eso también es moderno. Otro día hablaremos de los ex o del “padre-madre de mis hijos”.
