Humanismo es, nada menos, que descubrir en el ser humano una dignidad única que solo la doctrina de Jesús ha puesto en evidencia.
Una de las ponencias que van a ser debatidas en el congreso del PP será la eliminación del término “humanismo cristiano” que aparece en la introducción programática del Partido. Las razones que se argumentan son tan débiles que apenas resisten la más mínima reflexión a la luz del desarrollo cultural humano. Por ejemplo, «mantener la denominación de cristiano lleva consigo alejar del partido a quien no lo sea». No es así. El término humanismo cristiano sólo implica el reconocimiento de una verdad objetiva y permanente a través de los siglos; que el concepto de ser humano, su dignidad única entre todos los seres de la tierra procede del mensaje de Jesucristo. Algo que por mucho que quiera ocultarse, aparece meridiano a la luz del más mínimo repaso, sin prejuicios, a la Historia del Pensamiento. Sólo eso.
Humanismo es, nada menos, que descubrir en el ser humano una dignidad única que solo la doctrina de Jesús ha puesto en evidencia. Y esto, no a partir de determinada creencia religiosa, sino a la luz de la objetividad. Para reconocer eso, sólo hace falta honestidad intelectual, no necesariamente asunción de los preceptos que proponen cualquiera de las tres grandes religiones cristianas; Catolicismo, Ortodoxia y Protestantismo.
El concepto de “hombre” - hombre/mujer- tal y cómo lo explica el cristianismo y como lo lleva a la práctica en el desarrollo de las culturas en las que ha influido -en el mismo marxismo por ejemplo, hay que ver- no tiene paralelismo con ninguna otra filosofía o doctrina política ni económica existente. Es cierto que está en el epicentro del pensamiento actual, a partir de la llamada posmodernidad, rechazar cualquier referencia a lo cristiano.
Con toda sinceridad, se trata de una locura más. La esencia del cristianismo es tan progresista que todavía no hemos llegado a interiorizarla del todo.
