En lugar de decir que bastante nos quitan ya o que hay mucha gente defraudadora, es mejor pensar que entre todos hacemos hospitales, carreteras, escuelas, viviendas…

Al César

Ya hemos  pasado el trámite de “poner la cara” en una breve sesión fotográfica con el fin de dar nuestra imagen a conocer. El fotógrafo nos ha hecho aparecer relajados y casi tal como somos en la realidad gracias a su palabra y a su don de hacerse con nosotros mediante agudos comentarios llenos de humor: «no hables, que sales con la boca abierta», «no mires para otro lado», «los hombros relajados, que no eres de cartón», etc. Mientras, nosotros le ayudábamos a iluminar nuestra imagen sosteniendo una especie de cartón plateado con el que peleamos para dirigir la luz correctamente a nuestros rostros.

Y luego, ya en la calle, el café y los churros nos han llevado a comentar cuánto obliga el cumplimiento de nuestro deber ciudadano, cómo renunciar a la tendencia a escaquearnos en el pago de los impuestos… No existe la objeción fiscal. Hay que rascarse el bolsillo y contribuir al bien común sin ocultar nada. En lugar de decir que bastante nos quitan ya o que hay mucha gente defraudadora, es mejor pensar que entre todos hacemos hospitales, carreteras, escuelas, viviendas

«¡Ay de los administradores inicuos porque ellos serán desalojados del poder!» A nosotros nos debe bastar con dar al César lo que es del César y, con el mismo espíritu, a Dios lo que es de Dios. Además, estamos de acuerdo que el que tiene mucho también tributa mucho. Y el que se escaquea está hurtando a los hermanos su contribución al bien común. En fin... ¡Camarero!, ¿Qué le debo?