Los mayores dormimos menos. Quiero decir que, a medida que vamos coleccionando bloques de almanaque, las noches se nos hacen más largas, y los periodos de sueño continuado, más cortos.

La noche del mayor

Este hecho, estudiado científicamente, proporciona al “segmento de plata” unas horas “extras” de tiempo libre que los medios llenan a su antojo.

Tenemos dos periodos claves; el que nos lleva hasta que nos rinde el sueño y el que se produce cuando nos despertamos espontáneamente a muy temprana hora. Los dueños de la “caja tonta” se han dado cuenta inmediatamente de que el primero de ellos lo aguantan muchos mayores a pie de televisión. Inmediatamente surgen en todas las cadenas una serie de concursos de respuestas sumamente fáciles en los que se hablan de premios suculentos que nunca tocan a nadie. El truco está en recibir llamadas y mantenerlas el mayor tiempo posible cargando el costo en la cuenta telefónica del llamante. Estos espacios, que podemos comparar a maquinas tragaperras instaladas en nuestro salón, se han completado con bingos en el teletexto y otras lindezas que limpian los bolsillos de muchos incautos, especialmente los que están desvelados. Mientras, las emisoras de radio transmiten programas del tipo “Hablar por hablar” que empezaron como un servicio público ante la soledad y que se han convertido en un refugio de frikis y de exhibicionistas.

A primeras horas de la mañana solo nos queda la radio. Noticias, política y poco más. La televisión repite programas y da noticias. Nos queda Gran hermano 24 horas.

Llevo años proponiendo, a quien me quiera escuchar, que el segmento de plata (un tercio de la población) necesita un canal temático o fragmento de programación (especialmente la noche) en el que se les atienda personalmente con una programación adecuada y una mayor dedicación por las emisoras de radio. Pero de eso hablaremos en otro artículo.