Este domingo es el pórtico de la Semana Santa, y recibe su nombre del doble motivo en torno a los cuales gira la celebración de la Eucaristía.

«Cada gesto, palabra o mirada de Jesús se  convierten en un Evangelio que descubre el corazón de Dios»

Tras aclamar a Jesús como Rey y Mesías en su entrada triunfal en Jerusalén, anuncia el misterio de su Pasión a través de las lecturas de la Misa: Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Cada gesto, palabra o mirada de Jesús se van a convertir en un Evangelio que de manera explícita descubre el corazón de Dïos y su plan salvador en favor de los hombres. Y si la actuación de Jesús nos revela la hondura y profundidad del amor de Dios para con nosotros, las actitudes y comportamientos de los hombres, niños o mayores, dibujan también las posibles respuestas a ese ofrecimiento del Padre en el Hijo Amado. Con la entrada gozosa en Jerusalén, a la que el profeta avisa de la llegada de su rey, "que viene a ti humilde, montado en un asno", se cumplen las palabras de Jesús: "Te doy gracias Padre porque has revelado estas cosas a los pequeños" (Mt 11,25).

Cuando la alegría humilde del corazón se convierte en alabanza, cuando en los gestos sencillos, los limpios de corazón, ven a Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a nosotros. "Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 18,4). Entra en el reino de Dios el que recibe sin reparos ni desconfianzas a Jesús en su vida, y poniendo todo cuanto es a sus pies, descubre en Él al Dios que se le acerca con inmensa ternura. Pero el alma endurecida por las desconfianzas, y por qué no, por los distintos embates de la vida, se pregunta inquieta: "¿quién es éste? Los diversos rechazos que vamos a ir descubriendo progresivamente a lo largo de la Pasión responden a las numerosas capas de dureza y de miedos que anidan en el corazón de los hombres. Los humildes y sencillos ven en Jesús a Dios, los desconfiados y autosuficientes ven en Jesús un obstáculo más para sus vidas que hay que eliminar. Judas se ve desconcertado y llega a traicionar la ilusión y la esperanza de su vida. Pedro, Santiago y Juan se resisten a estar a solas con Jesús en la oración, lejos de las multitudes y de los momentos de euforia de la gente en torno a Jesús. Los que no andan en verdad, sólo buscan un falso testimonio que les sirva de coartada para condenar a Jesús y verse libres de su provocación: Él es la Verdad. Los inteligentes y perspicaces saben que han entregado a Jesús por envidia, pero ante las complicaciones, buscan una pirueta legal, se lavan las manos, y a Jesús, después de azotarlo, lo entregan para crucificarlo. Y los que diariamente se ven sometidos en sus vidas, aprovechan un momento para descargar toda la impotencia y rabia en el más débil: "los soldados trenzaron una corona de espinas y se burlaban, le escupían y golpeaban". Los que buscan signos espectaculares para creer, se afianzan aun más en sus posturas, al contemplar el signo de la debilidad: "si eres Hijo de Dios, baja de la cruz".

Antonio Eloy Madueño, párroco de San Lázaro en Málaga