Este domingo, 18 de octubre, celebramos el DOMUND, que cumple 100 años de vida animando, conociendo y cuidando todos los rincones más necesitados de nuestro mundo. El lema elegido para este año es “Uno en Cristo, unidos en la misión”, lema que han hecho vida también el equipo misionero que vivió este verano la experiencia en Colombia.

«La misión también la tenemos aquí en Málaga»

«Deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza». Con estas palabras comienza el papa León XIV su mensaje con motivo del DOMUND.

Esa alegría y ese celo movieron a María Becerra Ruiz, Inés Gómez Reyes, María de la Paz Guatura Ruiz, Manuel Benítez López, Alba Barranco Benítez y Lola Benavente Becerra, junto a las responsables Carmen Anaya Gutiérrez y María del Mar Carbonero Vallejo, y el delegado de Misiones José Luis Pereyra Quintián, misionero de la Consolata, a vivir este verano la experiencia diocesana “Espíritu Misionero Colombia 26”. Un mes y medio después, los jóvenes se han acercado a los micrófonos de los programas religiosos de COPE Málaga para compartir lo vivido.

Lola Benavente, de la parroquia de San Miguel de Málaga, era la más joven del grupo, con 19 años. Tras regresar de la experiencia afirmaba que «la palabra que brota en mí es “gracias”. He recibido mil veces más de lo que pudiera imaginar»; y se mostraba emocionada con solo pensar en repetir la experiencia porque «para mí, lo misión no se queda en lo vivido en un mes, que ha sido muchísimo, sino que es una forma de vida, tenemos que seguir siendo misioneros aquí. Nuestra vida ha cambiado. No podemos regresar y seguir como si no hubiera pasado nada. La experiencia nos ha cambiado».

María Becerra, de la parroquia de la Asunción de Málaga, es la joven con más experiencia del grupo. A sus 32 años, vino de Colombia «con el corazón lleno de un montón de experiencias que nunca pensé que iba a vivir. El último día lo compartía con la comunidad de Santa Ana (Colombia), que si tuviera que quedarme con algo de la experiencia sería con el aprendizaje sobre el amor al prójimo. Yo pensaba que sabía lo que era, pero allí lo he vivido hasta el extremo con personas que, antes de conocerte te ofrecían un hogar y toda su vida. Es un amor que no se puede explicar con palabras».