125 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE LAURA AGUIRRE
(Santuario de Virgen de Flores-Álora, 24 marzo 2026)
Lecturas: Nm 21, 4-9; Sal 101, 2-3.16-21; Jn 8, 21-30.
(Tiempo Cuaresma V-Martes)
1.- Aniversario del nacimiento de Laura
Como hemos escuchado en la primera lectura, el pueblo de Israel en el desierto (cf. Nm 21, 4) protestó contra Dios y contra Moisés por las dificultades del camino (cf. Nm 21, 5).
A veces nos sentimos identificados con esta situación y protestamos por las dificultades que la vida nos depara, echando en cara a Dios que no escucha nuestras súplicas.
Hoy celebramos el 125 Aniversario del nacimiento de Laura Aguirre, cariñosamente llamada la “Señorita Laura”. Su vida no fue un camino de rosas y tuvo que soportar de manera voluntaria situaciones de pobreza y privación, a veces bastantes duras y extremas. Ella demostró virtudes heroicas, manteniendo firme su propósito de seguir adelante ante las dificultades y sosteniendo una actitud de mansedumbre y de gran confianza en Dios. Renunció por amor libremente y con alegría a una vida acomodada; y tuvo que afrontar serios problemas relacionados con las decisiones de sus superiores, que siempre fueron recibidas con espíritu de obediencia y resignación.
Os felicito por la Exposición, que acabamos de inaugurar; de modo especial agradecemos al párroco, D. Felipe, su coordinación y su invitación a que todos participarais, cada cual según su tarea. La Exposición es un instrumento hermoso para dar a conocer la vida de la Señorita Laura, que todos tenemos la obligación de hacer, porque amó a Álora y entregó su vida por sus ciudadanos.
Como bien sabéis, la Señorita Laura nació en Málaga en el año 1901, estudió Bellas Artes en Madrid y en Bélgica, labrándose un brillante porvenir; sin embargo, optó por entregarse a los más necesitados.
Vino a Álora como misionera del Padre Arnáiz, sj., hoy día ya beatificado. Aquí realizó Laura una gran labor fundando un orfanato para niñas pobres y confiando siempre en la Providencia, cuyo título habéis puesto en la Exposición “Providentia et charitas”. Este fue el binomio de la vida de la Señorita Laura. Con el tiempo el orfanato se trasladó a este Santuario de Flores.
Eran años de posguerra de mediados del siglo pasado, en los que la penuria estaba generalizada, faltando hasta lo más elemental para la vida diaria. Pero ella no se quejó al Señor, sino que asumió la misión que le había encomendado y mantuvo siempre una actitud obediente a Dios, a través de la voluntad de sus superiores.
2.- Contemplar a Cristo
Hemos escuchado en el libro de los Números, que Moisés escuchó con obediencia a Dios y realizó lo que le pedía: «Hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida» (Nm 21, 9).
Esa imagen era figura de Cristo, quien, al morir en la cruz extendió sus brazos y se dejó clavar por nosotros para darnos su vida. Contemplemos, queridos hermanos, a Cristo, crucificado por nuestro amor y redimiendo al mundo con su cruz.
Los brazos extendidos de Cristo abrazan a toda la humanidad y nos abrazan a cada uno de nosotros, atrayéndonos hacia él y estrechándonos con amor.
Sus brazos extendidos también nos muestran la actitud del orante, como el sacerdote que extiende los brazos en la oración. Jesús transformó su pasión, su sufrimiento y su muerte en auténtica oración al Padre, en una obediencia al Padre y en un acto de amor a Dios y a los hombres.
La “Señorita Laurita” abrazó a Cristo en los pobres y necesitados; y éste es el ejemplo que nos dejó. Su labor a favor de los demás estuvo motivada por la contemplación de Cristo crucificado y su amor por la humanidad. Estamos ya en la semana de Pasión, que nos deber ayudar a vivir mejor la Samana Santa, en la que Cristo se entrega por amor a los demás. Contemplar a Cristo y ver el ejemplo de la Señorita Laura nos debe empujar a darnos a los demás.
Su misión de Luara fue obra de Dios, a quien dirigía su oración de manera permanente e intensa, incluso robándole horas al sueño y llevando una vida contemplativa y mística. Se puede combinar bien la vida activa y la contemplativa.
3.- La vida eterna en Cristo
El evangelista Juan nos ha recordado que Jesús, el Hijo del Hombre, fue elevado al igual que la imagen de la serpiente en desierto, «para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3, 14-15).
Tanto nos ha amado Dios y tanto amó «al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).
Quien mira la cruz y ve a Cristo transfigurado, queda curado. A veces le pedimos al Señor que nos libre de enfermedades y de otros males; pero Dios-Padre no libró a su Hijo de la cruz.
La Señorita Laura nos diría que no pidamos a Dios que nos libre de los sufrimientos, sino que nos dé la fuerza necesaria para asumirlos con amor y superarlos; para unir nuestra pasión con la de Cristo. No pidamos que nos ahorre sufrimientos y molestias, porque las vamos a tener; más bien pidamos la fuerza para vivirlas con gozo ofreciéndolas a Cristo, quien primero las aceptó por nosotros.
Estamos celebrando el memorial del misterio pascual de Cristo, la victoria de la vida sobre el pecado y la muerte. Esto transforma nuestras vidas y nos llena de esperanza en el cumplimiento de las promesas de Dios.
Queridos hermanos, el Señor nos llama a una relación de amor con él, como tuvo la Señorita Laura. Nuestro amor al Señor es lo que debe dirigir todos los aspectos de nuestra vida. Este amor nos impulsa a amar a quienes él ama y a aceptar de buen grado la tarea de comunicar su amor a quienes servimos.
4.- Acción de gracias
Hoy damos gracias a Dios por el 125 Aniversario del nacimiento de la Señorita Laura, cuya vida ha sido un regalo del Señor para quienes la conocieron y convivieron con ella; pero es también un regalo para todos nosotros y para la Iglesia.
Laura, mujer de fe, entregó a Dios en Álora su vida al servicio de las necesidades de este pueblo. En su recordatorio se lee: “Su figura sencilla, su hablar suave, su vida humilde, su entrega al prójimo... Este fue su testimonio y Cristo su fortaleza”.
Por todo ello se constata una fama de santidad en su vida, extendida entre las personas que la conocieron y transmitida a las posteriores generaciones.
Aún vivís bastantes que la conocisteis personalmente; pero llegará una generación en Álora que ya no la habrá conocido; por eso hemos de transmitir su ejemplo a las nuevas generaciones.
Estamos convencidos de que su beatificación contribuiría a mantener vivo el espíritu de servicio a los pobres y necesitados y sería ejemplo para muchos cristianos, que buscan sentido a su vida en un mundo secularizado y egoísta.
Estos buenos deseos los ponemos a los pies de la Virgen de Flores, nuestra Madre, que nos acompaña, nos cuida, nos lleva de su mano en este camino cuaresmal y en la pascua que celebraremos dentro de poco; y, sobre todo, nos espera en la pascua eterna.
Pidamos a la Virgen de Flores su maternal protección y que nos acompañe en el camino de nuestra vida para reunirnos con ella y con todos los santos en la patria definitiva. Amén.
