SEPTENARIO DE LA COFRADÍA DEL CALVARIO
(Ermita del Calvario-Málaga, 6 marzo 2026)
Lecturas: Gn 37, 3-4.12-13a.17b-28; Sal 104, 16-21; Mt 21, 33-43.45-46.
(Tiempo cuaresmal II - Viernes)
1.- En el Evangelio de hoy Jesús retoma el canto a la viña del profeta Isaías (cf. Is 5, 1-7), adaptándolo a quienes le escuchan y a la nueva hora de la historia de la salvación que él inaugura. El propietario plantó la viña, la cuidó y la arrendó a unos labradores (cf. Mt 21, 33).
Jesús no se fija tanto en la viña, sino en los viñadores, que no quieren pagar el arrendamiento al amo de la viña; y, además, maltratan y asesinan a los servidores del dueño (cf. Mt 21, 35).
Al final, el propietario de la viña hace un último intento: manda a su propio hijo, convencido de que le respetarán (cf. Mt 21, 37). Pero los viñadores lo matan porque es el heredero, para apoderarse de la viña. Es un claro rechazo al dueño de la viña y a su hijo. Esta es la profecía que se cumplió en el Santo Cristo del Calvario, Jesucristo, el Hijo de Dios, enviado por el Padre para salvar a la humanidad.
2.- Estamos celebrando el septenario de la “Muy Antigua y Venerable Hermandad del Santo Cristo del Calvario y Vía Crucis y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente de la Paz y la Unidad en el Misterio de su Sagrada Mortaja, Nuestra Señora de Fe y Consuelo, Santa María del Monte Calvario y San Francisco de Paula”. Tiene muchos títulos y espero que no añadáis más. Aunque haya varios personajes, os define el título de Cristo del Calvario y Santa María del Monte Calvario.
La Hermandad, aunque erigida canónicamente en 1981, está ubicada en la ermita Monte Calvario, que se remontan al siglo XV, y ha sido la heredera de la tradición del Septenario Doloroso, iniciado en 1944 y que ha tenido una profunda raigambre.
Hoy celebramos un día del septenario, en preparación a la Semana Santa y a la gran fiesta cristiana de la Pascua. Aunque estemos preparándonos para la Pascua, la celebración de la eucaristía es celebración pascual. La Iglesia nos propone el tiempo cuaresmal de manera pedagógica; pero ya estamos celebrando el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor y nos ha resucitado con él.
En este camino cuaresmal, la Iglesia nos exhorta a escuchar y a leer más atentamente la Palabra de Dios. Os animo a leer en este tiempo penitencial el evangelio de san Mateo, que corresponde al ciclo A del Año litúrgico, en el que nos encontramos.
3.- La enseñanza de la parábola de la viña se refiere a la bondad de Dios-Padre, que ha confiado su viña a los hombres; es decir, les ha dado la vida, les ha entregado los bienes que disfrutan; e incluso les ha enviado a su Hijo querido, para salvarlos.
Pero los destinatarios no han correspondido al amor y a la generosidad de Dios. Han despreciado al dueño, desobedeciendo su precepto divino, y han rechazado su amistad.
Los desobedientes somos nosotros, queridos cofrades. Esta parábola evangélica nos habla de la cruz de Cristo, que interpela nuestra manera de pensar y de actuar. El Cristo del Calvario nos pregunta en este viernes qué hacemos como trabajadores de su viña. ¿Le damos los frutos que él espera? ¿O tal vez damos agraces en vez de uva buena?
4.- Hay un rechazo generalizado a Dios en nuestra sociedad; o, al menos, una indiferencia en la cultura actual. Se vive como si Dios no existiera, como si Cristo del Calvario no hubiera dado su vida por la humanidad, como si el ser humano fuera el autor de su propio destino y el propietario absoluto del mundo, como si quisiera ocupar el lugar de Dios.
Los labradores de la parábola, al ver al hijo del dueño, decidieron eliminarlo para quedarse con su herencia (cf. Mt 21, 38); «y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron» (Mt 21, 39).
Esta parábola de Jesús es, por desgracia, muy actual aplicada a nuestro mundo. Nuestra sociedad saca fuera de ella a Cristo del Calvario; lo echa fuera de la viña, expulsado por una cultura que se proclama anti-cristiana o post-cristiana.
No se quieren aceptar las raíces cristianas, que enriquecen, transforman e iluminan todas las culturas. En nuestro ambiente hay una confusión entre los términos “cultura” y “religión”. Se suele hablar de las tres culturas refiriéndose a judaísmo, islamismo y cristianismo; pero el cristianismo no es una cultura, sino la religión que ilumina, permea y transforma todas las culturas (cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 20).
El hombre secularizado quiere ser el heredero y dueño de sí mismo y del mundo; pero el mundo es un regalo del Señor para que lo cuidemos, no para destruirlo. Estamos viviendo un momento complicado de guerras entre diversos países.
Los cristianos y cofrades somos testigos de la verdad de la parábola y tenemos la misión de transmitir el Evangelio, como buena nueva de salvación.
5.- Tenemos esperanza, porque en las palabras de Jesús hay una promesa: la viña del Señor no será destruida; la Iglesia seguirá en pie hasta el final de los tiempos. El dueño castiga a los viñadores infieles (cf. Mt 21, 41); pero no abandona su viña, sino que la confía a otros servidores fieles (cf. Mt 21, 43). Si somos servidores fieles, Dios nos confía su viña; si somos servidores infieles, Dios nos quita la viña y se la da a otros.
Tenemos la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que al final Cristo vence. La Iglesia no se cansa nunca de proclamar esta Buena Nueva.
A veces podemos pensar que hemos perdido la esperanza cuando nos sobreviene algún acontecimiento dramático, un hecho negativo, una enfermedad, una contrariedad, hasta una catástrofe, que, por cierto, hemos sufrido algunas últimamente. Es normal quedarse sin palabras y con el corazón dolorido; pero Dios está por encima de todo eso y nuestra fe nos anima a seguir caminando con esperanza.
Cuando los hermanos de José, según la lectura del libro de Génesis, lo vendieron como esclavo para servir en Egipto (Gn 37, 27-28), ninguno de ellos, ni el mismo José, pudo imaginar el final del relato de sus vidas.
La paciencia, la confianza y el abandono en la Providencia divina, la certeza de la Palabra de Dios, la aceptación de la verdad de que el Señor conduce la historia, ofrece al creyente una fuerza divina, a pesar de la desolación, la mentira o la aparente victoria del mal. Aparentemente los hermanos de José vencieron; pero no fue así, más bien venció José y se cumplieron sus sueños.
Queridos cofrades, vivid vuestros sueños, seguid creyendo en Cristo del Calvario como Dios y Hombre que nos salva, seguid confiando en Dios, que es Padre bueno y misericordioso, seguid viviendo la cuaresma como preparación a la Pascua, seguid profesando la fe en los templos y en las calles de nuestra ciudad, seguid siendo testigos gozosos del triunfo de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
Pedimos al Cristo del Calvario que nos conceda ser buenos discípulos suyos y a Santa María del Monte Calvario que nos acompañe en nuestro caminar hacia la Pascua. Amén.
