Novena a la Virgen de la Paz (Ronda)
Mons. Catalá, junto a autoridades, tras la celebración de la Eucaristía a los pies de la Virgen de la Paz de Ronda

NOVENA DE LA VIRGEN DE LA PAZ

(Ronda, 19 enero 2025)

Lecturas: Is 62, 1-5; Sal 95, 1-3.7-10; 1 Co 12, 4-11; Jn 2, 1-12.

(Domingo Ordinario II-C)

1.- Queridos fieles y devotos todos de la Virgen de la Paz. Estamos celebrando la Novena de la Virgen de la Paz, a quien veneramos con respeto y amor filial. Los hijos de Ronda se saben y se sienten hijos de la Virgen de la Paz y acuden a su Santuario y a este hermoso templo de la Merced, vinculado al Monasterio de Carmelitas Descalzas, para honrar a su Patrona.

Un saludo afectuoso a las hermanas de la comunidad monástica del Convento carmelita del Corazón Eucarístico de Jesús; y a todos los peregrinos que vienen a dar gracias a Dios por los beneficios recibidos, materiales y espirituales, para implorar la maternal intercesión de la Virgen de la Paz, que es Madre de todos los hombres y nos ofrece a su Hijo Jesús, Príncipe de la Paz, para que nuestros corazones desborden de alegría.

En la oración colecta de este domingo hemos rezado así: “Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha la oración de tu pueblo y concede tu paz a nuestros días”. Aunque los gobernantes de las naciones toman las decisiones, en realidad, quien gobierna el mundo es Dios. Hoy tendría que hacerse efectiva la paz y el “alto el fuego” en la zona de Gaza, en Palestina; porque la guerra lleva ya 470 días.

Podemos preguntarnos qué relación tiene nuestra fe con este problema; qué intercesión hace la Virgen. Los creyentes estamos convencidos de que nuestra oración es eficaz; y si el Papa nos anima a rezar por la paz, debemos hacerlo para contribuir a la paz; porque ésta es un don de Dios que hemos de pedir. La Virgen quiere esta paz. Ser devotos y promotores de la Virgen de la Paz es ser “pacificadores” en nuestros ambientes hasta llegar a quienes puedan considerarse nuestros enemigos. Como hijos de la Virgen debemos ser promotores de paz. Tenemos, pues, una gran tarea que no se ve ni se nota; que incluso parece que no es efectiva, pero lo es.

2.- La Virgen de la Paz nos invita a seguir con fidelidad y alegría a Jesús, porque Él es nuestra Paz (cf. Ef 2,14) y vino a anunciar la paz a todos los hombres. 

Estamos en pleno Octavario de “Oración por la Unidad de los Cristianos”; y pedimos a la Virgen de la Paz que interceda ante su Hijo, para que todos los cristianos vivamos en comunión, unidos en la misma fe y en el mismo amor; para que sepamos superar las dificultades del diálogo ecuménico; para que seamos capaces de acoger a quienes no profesan la misma fe en Jesucristo; para que la unidad entre los cristianos vaya siendo cada día más realidad. 

3.- El evangelista Juan nos ha narrado con detalle las Bodas de Caná de Galilea, en las que participaban Jesús, su madre y sus discípulos (cf. Jn 2, 1-2), compartiendo la alegría de los novios, que empezaban su nueva vida en común, gozando del encuentro con los amigos. 

El vino es importante en las fiestas; es símbolo de alegría; significa la chispa que crea júbilo y fiesta. Pero el vino se terminó y María, la Madre de Jesús, la Virgen de la Paz, siempre atenta a las necesidades de los demás, se dio cuenta y acudió a Jesús, quien parece que no le hizo mucho caso (cf. Jn 2, 3-4); pero ella se dirigió a los sirvientes diciéndoles: «Haced lo que él diga» (Jn 2, 5).

Y Jesús convirtió el agua en vino, renaciendo la alegría en aquella fiesta nupcial. Todos quedaron maravillados por el vino excelente y abundante.

4.- Queridos hermanos, es muy significativo que el primer milagro de Jesús fuera en una boda, para significar que él había venido a desposarse con la humanidad, para llegar al corazón de cada persona en su dimensión más honda, la esponsal, y llenarla de sentido. 

¿Cuál es la relación más profunda que puede haber entre dos personas? ¿La amistad? ¿Las relaciones laborales? ¿O, las relaciones esponsales?

Jesús ha venido a restaurar lo que el pecado había roto y saciar la sed de inmortalidad del corazón humano, llamado a vivir el amor auténtico. En nuestra sociedad parece que todo termina cuando se dice que se acaba el amor entre los esposos; y la única solución a este fracaso parece que sea rehacer cada cual su propia vida y seguir su propio camino. Pero esta no es la solución, porque el amor no termina. Finalizan, claramente, los deseos, los sentimientos, los gustos, las pasiones, los placeres; pero el amor es eterno, porque es donación al otro. 

Si Jesucristo está presente en la familia y entre los esposos, se puede recurrir a María para que le diga a su Hijo que “no tienen vino”. Jesús puede sacar el buen vino para que el amor y la felicidad no acaben nunca. Si el amor primero entre esposos se ha enfriado, puede reavivarse por intercesión de la Virgen, con la petición humilde a Jesús, que ha venido para llenar el corazón humano de gozo y recomponer la dimensión esponsal.

Jesús lo puede todo; y puede rellenar nuestra vida del sentido transcendente y religioso, sentido de amor, de eternidad.

5.- Cristo ha instituido el sacramento del matrimonio por el que los esposos son consagrados por la acción del Espíritu Santo, para amarse mutuamente durante toda la vida con una entrega plena. En ese proceso es preciso cada día renovar el amor, aprender a perdonarse y aceptarse mutuamente. Es una tarea diaria, porque la entrega al otro debe hacerse continuamente.

Jesús ha santificado el matrimonio, cuyas raíces están en la misma creación: «Varón y mujer los creó (…) y les dijo Dios: Sed fecundos y multiplicaos» (Gn 1, 26-28), elevando el matrimonio a la categoría de sacramento y significando la unión de Cristo con su esposa, la Iglesia, como dice san Pablo: “Este es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a su Iglesia” (Ef 5,32). Cristo se ha desposado con su Iglesia; y la Virgen de la Paz ha vivido un amor esponsal con Dios, siendo fecundada por el Espíritu Santo. La imagen esponsal también nos toca a nosotros, aunque pueda sorprendernos o escandalizarnos; porque nuestra relación con Dios, igual que la tuvo la Virgen, debe ser esponsal, plena, con entrega total y para siempre. Eso es amor esponsal, cuya imagen hemos de purificar. Así es el amor de Cristo a su Iglesia.

Para llevar adelante este proyecto los esposos necesitan de la gracia de Dios, porque nadie es capaz de hacerlo con sus solas fuerzas; quien pretenda hacerlo solo, sucumbirá. Jesús ha venido para hacer posible el amor esponsal; por eso se lo debemos pedir.

La verdadera paz tampoco podemos resolverla nosotros, ni los gobernantes, ni los políticos. La paz es un regalo de Dios, que hay que pedir todos los días; sabiendo que nuestra oración es escuchada por el Señor. 

6.- Hoy rezamos también por las intenciones de la Jornada de la Infancia Misionera, cuyo lema es: “Comparto lo que tengo”, para que seamos también nosotros buenos evangelizadores en nuestra sociedad.

La Virgen de la Paz nos invita a hacer «lo que el Señor nos diga», como dijo a los sirvientes en las Bodas de Caná. De ese modo podrá haber más alegría en nuestra vida, gracias al vino bueno transformado por Jesús; gracias al vino que se convierte en la sangre de Cristo. La Eucaristía es la fiesta de las Bodas del Cordero, a las que estamos invitados.

Y agradezcamos que, en nuestro tiempo, el vino nuevo nos haga recuperar la alegría y el gozo de vivir como familia, como comunidad cristiana, como hermandad y cofradía, como sociedad. 

Damos gracias al Señor en esta novena a la Virgen por el don de la maternidad de María, quien, aceptando la voluntad de Dios, acogió a Jesucristo, el Príncipe de la Paz, y nos lo ofreció generosamente. 

¡Que la Virgen de la Paz nos proteja a todos y a vosotros, queridos cofrades y rondeños! ¡Que Ella interceda con su maternal solicitud por todos nosotros y nos acompañe y nos ayude en nuestro camino hacia Dios! Amén.