SÁBADO SANTO – VIGILIA PASCUAL

(Catedral-Málaga, 19 abril 2025)

Lecturas: Gn 1, 1 – 2, 2; Ex 14, 15 – 15,1; Is 55, 1-11; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Sal 117; Lc 24, 1-12. 

Iluminados, perdonados y testigos de esperanza

1.- Estamos celebrando la noche más importante de todo el año litúrgico. Es una noche santísima; y no debemos tener prisa. Solemos tener siempre mucha prisa; y cuando dedicamos tiempo a Dios, solemos hacerlo racaneando. Sin embargo, es Dios quien nos regala la vida y el tiempo. 

La liturgia de esta noche tiene cuatro grandes partes. La primera es la Liturgia de la Luz, la liturgia de la Palabra, la liturgia Baustimal y, finalmente, la liturgia de la Eucaristía

Quisiera expresar en tres puntos lo que significa la Vigilia pascual de esta noche. En primer lugar, somos hijos de Dios «iluminados»; somos unos «agraciados». El Señor nos ha iluminado porque Cristo es la Luz. Hemos entrado acompañando el Cirio pascual que simboliza a Cristo resucitado. Solo estaba encendido el Cirio pascual; y de él hemos tomado la luz.

El término bautismo tiene dos acepciones en griego: inmersión (sumergir debajo del agua) e iluminación. El bautismo es una iluminación, queridos catecúmenos; vais a ser iluminados en esta noche con la Luz de Jesucristo. Somos hijos de Dios iluminados, porque estando en tinieblas él nos ha sacado a la luz; ha llenado nuestra alma de su vida y de su amor. Y eso ilumina nuestra vida.

2.- En segundo lugar, somos pecadores perdonados; no nos quedemos solamente con que somos pecadores. Hemos escuchado la historia de la salvación con las lecturas del Antiguo Testamento. Inicialmente la creación del mundo (cf. Gn 1, 1 – 2, 2); después hay un pecado original de Adán y Eva, que todos heredamos, además de los pecados personales que cometamos. 

Y Dios ha entregado a su Hijo, que ha muerto y resucitado por nosotros; y nos ha sido sumergido en su muerte y resurrección. Y esto es lo que celebramos en la Pascua. 

Dios nos perdona y Cristo ha venido a darnos la salvación; a romper las cadenas que nos atan de nuestros egoísmos, del pecado, de las guerras, de los odios, del desprecio de mucha genta a la que no hacemos caso. Todos conscientes de que nuestra sociedad no un gran paraíso, sino que existen muchos males. Sin embargo, el Señor lo cura, lo limpia y lo perdona todo. 

A vosotros, queridos bautizandos, esta noche se os perdonará el pecado original y todos los pecados cometidos desde que teníais uso de razón. Vais a quedar más limpios y más blancos que la lana blanca; como dice el profeta Isaías: «Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana» (Is 1, 18). Todos somos perdonados. 

3.- Y, tercer lugar, somos testigos de esperanza. Hemos sido iluminados por Cristo y por su Palabra, no solo en el bautismo sino escuchando y viendo sus obras; y hemos sido perdonados. Por ello, hemos de ser testigos de esta maravilla, que es la fe cristiana; la maravilla, que es la revelación que Cristo nos ha dado. Ha sido Cristo quien nos ha revelado que existe un padre bueno y misericordioso con entrañas de misericordia; entrañas de madre, de misericordia, de perdón y de amor infinito.

Hemos de ser testigos de esto. Queridos catecúmenos, la Iglesia os quiere que seáis testigos a partir de vuestro Bautismo de lo que habéis vivido. 

La historia del pueblo de Israel es una historia de amor de Dios, que pacta alianzas con el pueblo de Israel, pero el hombre las rompe todas. Dios pactó con Noé, teniendo el tiro el arco iris como signo de esa alianza (cf. Gn 9, 12). Pactó con Abrahán, pidiendo en sacrificio de su hijo Isaac (cf. Gn 22, 15-18). Pactó con Moisés, dándole las Tablas de la Ley como signo (cf. Ex 34, 27). Dios ha ido haciendo pactos, pero los hemos ido rompiendo. 

Y nosotros, en nuestra pequeña historia de vida, también hemos sido rompiendo la alianza de amor que Dios nos ha ofrecido. Por eso, en esta Noche santa de la resurrección del Señor le pedimos que nos ilumine, que vuelva a perdonarnos y nosotros nos comprometemos a ser testigos de esa esperanza; la humanidad tiene esperanza. La humanidad no puede quedar en el caos; no puede quedar en las tinieblas y en la nada. A pesar de lo mal que pueda estar nuestra sociedad, tenemos la esperanza en Cristo y somos testigos de esa esperanza. 

Vamos a proseguir y a pasar ahora a la parte de la liturgia bautismal, en la que vosotros seréis bautizados y los demás renovaremos nuestras promesas bautismales, agradeciendo al Señor todo lo que nos ha hecho. Amén.