FINAL DE CURSO EN EL SEMINARIO

(Seminario-Málaga, 23 junio 2025)

Lecturas: Gn 12, 1-9; Sal 32, 12-13.18-20.22; Mt 7, 1-5. 

(Tiempo Ordinario II -Lunes)

1.- Salir de la propia tierra

Las lecturas bíblicas de hoy nos narran unos hechos ocurridos en otro tiempo, pero podemos aplicarlo a nosotros.

Según el libro del Génesis el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré» (Gn 12, 1). Dios le da un mandato: ¡Sal! ¡Deja tu casa!

El cristiano, y de modo especial el sacerdote, y los seminaristas como candidatos, está invitado por Dios a salir de su tierra; es decir, a dejar los propios planes, los objetivos lícitos y normales, los afectos, la familia, los amigos y otras cosas. Esta renuncia está a favor de acoger la voluntad de Dios en la vida propia.

No se trata de una renuncia por el hecho de renunciar de manera heroica y estoica; se trata de dejarlo todo por Dios, aceptando sus planes sobre nosotros.

El Señor nos invita hoy a salir de nosotros mismos y a renunciar a una serie de cosas para alcanzar una tierra que él nos mostrará. Y para ello nos ofrece su bendición.

2.- La bendición del Señor

Cuando quien ha sido llamado por Dios para una misión, se muestra disponible generosamente, el Señor bendice su tarea y su obra, como le dijo a Abran: «Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición» (Gen 12, 2). 

Dios concedió a Abrahán una gran descendencia y muchos bienes. 

Tened la seguridad, queridos seminaristas, de que el Señor es muy generoso y regala mucho más que el ciento por uno. ¡Seréis bendecidos sobrada y generosamente por el Señor! Pero es necesario salir.

3.- Somos heredad del Señor

El Salmo nos ha recordado que somos heredad del Señor. Dios cuida de su pueblo elegido, a quien ha constituido como heredad suya: «Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad» (Sal 32, 12). 

Nosotros somos heredad del Señor; por ello nos ama, nos cuida, nos protege y nos bendice con sus dones.

La mirada cariñosa de Dios se dirige a quienes lo aman: «Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia» (Sal 32, 18). Nosotros esperamos en su misericordia infinita y en su amor de Padre.

Dios es nuestro auxilio, que nos libra de todos los males: «Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo» (Sal 32, 20). 

4.- «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mt 7, 1). 

El evangelio nos recuerda el tema del juicio. El papa Francisco nos exhortaba muchas veces a no juzgar, a no criticar a los demás, a no entrar en “dimes y diretes”. 

San Mateo nos lo recuerda: «Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros» (Mt 7, 2). 

Fijarse en la mota que tiene el ojo de tu hermano y no reparar en la viga que lleva uno en el tuyo (cf. Mt 7, 3) tiene malas consecuencias. Si criticamos a otros, nosotros podemos ser más duramente criticados por nuestras acciones, por nuestro modo de pensar o por nuestro estilo de vivir.

Pidamos al Señor que nos ayude a mirar con ojos limpios; a contemplar al otro como creatura de Dios; a no hacer críticas negativas o comentarios dañinos. 

Hagamos caso a Jesús, que nos dice: «Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano» (Mt 7, 5).

Pedimos al Señor que nos bendiga, nos ayude a salir de nosotros mismos para ir donde él quiera. Agradecemos su bendición por ser heredad suya y le pedimos fuerza para no juzgar mal de nadie.

¡Que la Virgen María nos acompañe en esta misión, a la que nos invitan las lecturas bíblicas de hoy! Amén.