PROCESIÓN A LA CATEDRAL DE LA VIRGEN DEL CARMEN DEL PERCHEL

(Catedral-Málaga, 19 julio 2025)

Lecturas: Pro 8, 17-21.34-35; Sal 14, 2-5; Mt 12, 46-50.

(Propias de la Virgen del Carmen

1.- Veneramos hoy a la Virgen del Carmen, cuya imagen del Perchel acompañáis con amor filial todos los fieles devotos, rezando el santo Rosario. La habéis acompañado llevándola sobre las aguas del mar para bendecirlas, rezando por los difuntos. Como buena Madre nos tiene siempre presentes a todos.

La advocación nació en el monte Carmelo, donde el profeta Elías purificó la fe de Israel, combatiendo a los profetas de los falsos dioses baales. 

Los cristianos de hoy necesitamos purificar también nuestra fe de las ideologías paganas reinantes, que respiramos en nuestra sociedad. Debemos profesar con claridad nuestra fe en la vida eterna, en medio de quienes buscan solo la felicidad terrena. 

Necesitamos fortalecer nuestro amor a Dios y al prójimo, ante el egoísmo que destroza vidas humanas. Cada día tenemos noticias de muertes violentas; y hemos de tener en cuenta que todo ser humano es hermano de otro ser humano, aunque sea de otra nación, raza, cultura o religión. Somos todos hermanos, hijos del mismo Padre-Dios y de la misma Madre María. No tiene sentido la lucha entre hermanos para quitar la vida.

Pedimos a la Virgen del Carmen que nos proteja y nos acompañe, cuando las olas embravecidas de los mares de este mundo arrecien contra nosotros. Cuando arrecie la falta de solidaridad, la falta de fraternidad, los egoísmos, las guerras, los odios y rencores. Que Ella nos lleve al puerto seguro con la esperanza de salvarnos y alcanzar la vida eterna. 

2.- El libro de los Proverbios nos ofrece una reflexión sobre el amor de Dios al ser humano, creado a su imagen y semejanza (cf. Gn 1, 26-27). Dios ama al hombre, a quien invita a participar de su vida divina: «Yo amo a los que me aman» (Pro 8, 17).

Dios ofrece al ser humano todo lo que es y todo lo que tiene: «Yo traigo riqueza y honor, fortuna copiosa y prosperidad» (Pro 8, 18). Sus dones son mejores que el oro puro y la plata (cf. Pro 8, 19). A veces los humanos perseguimos más los bienes perecederos que los bienes que Dios nos regala: su gracia, su perdón, su vida eterna, su amor.

Dios, en su gran amor, envió al mundo a su Hijo, «nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial» (Gal 4, 4-5). 

La Virgen del Carmen es fundamental en la historia de salvación, que es historia de amor de Dios al hombre. Ella concibió a Jesús, Señor de la vida, expresión del amor de Dios-Padre (cf. Jn 14, 9; Benedicto XVI, Spe salvi, 4; Francisco, Lumen fidei, 37). 

Damos gracias a Dios por el regalo maravilloso de la Virgen del Carmen como madre de la humanidad y madre de misericordia que intercede por nosotros. 

3.- La Palabra de Dios es viva y eficaz; es vida para el hombre, si la escucha y la pone en práctica: «Dichoso el hombre que me escucha» (Pro 8, 34). Y la Palabra de Dios por excelencia es Jesucristo.

La Virgen del Carmen ha sido un perfecta “oyente de la Palabra”, que la ha escuchado, la ha comprendido y la ha puesto en práctica. El mismo Jesús la proclamó bienaventurada por haber sido fiel cumplidora de la Palabra divina. Cuando le comunicaron que su madre y sus hermanos querían verle, les respondió: «El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mt 12, 50).

La Virgen nos invita a escuchar con atención y buen ánimo la Palabra de Dios y a ponerla en práctica.

4.- La Hermandad de la Virgen del Carmen del Perchel de Málaga acompaña la imagen de su titular hasta la Catedral para celebrar su fiesta, para honrarla como madre y para amarla con actitud filial.

Los cristianos reconocemos y honramos a la Virgen del Carmen como «reina y madre» nuestra. Los devotos de la Virgen del Carmen nos sentimos reconfortados con su maternal intercesión; y contemplamos realizadas en María las esperanzas de la humanidad pecadora, que ha sido redimida y salvada por Jesucristo.

Con Ella damos gracias a Dios y alabamos su grandeza en nuestra pequeñez, como dijo María en el canto del “Magnificat”: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava» (Lc 1, 46-48).

Dios ha hecho maravillas en María (cf. Lc 1, 49), y a través de Ella nos llega el Salvador del mundo. Gracias al “sí” de María en la anunciación se hizo hombre el Hijo de Dios y hemos recibido la salvación.

5.- Hoy pedimos a la Virgen del Carmen por todos los devotos y por los fallecidos en las aguas y suplicamos su intercesión ante Jesucristo, su divino Hijo, por nosotros pecadores y por cuantos atraviesan la necesaria purificación que requiere encontrarse tras la muerte en presencia de Dios. 

Venimos para pedirle de modo especial por los pescadores y sus familias, por los trabajadores de la Marina mercante y cuantos viven de las travesías marinas, y de cuantos defienden el bienestar de nuestro pueblo en la Armada. ¡Que el Señor bendiga vuestro servicio!

Para todos ellos suplicamos la protección de la Virgen María del Monte Carmelo, Estrella del Mar. 

Que ella ampare y proteja siempre nuestras vidas, para que nos veamos libres de todo peligro y, sobre todo, del pecado; y para que los pecadores se conviertan al Señor.

Le pedimos que lleguemos un día al monte de salvación que es Cristo, puerto final de nuestro destino. Amén.