Nuestra Diócesis de Málaga eleva su acción de gracias a Dios por la vida y el testimonio de Ismael Herruzo, que ha partido a la casa del Padre. Damos gracias por su entrega generosa al servicio de la Iglesia, especialmente en su labor como delegado de Pastoral Familiar, que desempeñó junto a su esposa Toñi desde 2015 hasta 2021.
En palabras del sacerdote Javier Guerrero, quien fuese consiliario de Pastoral Familiar en esa época, «Ismael fue un hombre prudente y sabio, no solo en lo profesional, sino también en su tarea como delegado. De palabra serena y profunda, capaz de escuchar y acompañar con hondura evangélica. Su testimonio como esposo y padre, como médico, como cristiano comprometido y servidor del Pueblo de Dios deja una gran huella en nuestra diócesis, especialmente en tantas familias a las que acompañó con cercanía en su tiempo de delegado.
Encomendamos su alma al Señor, a quien amó y sirvió en su Iglesia. Rezamos por Toñi, por sus hijos, por su familia y por todos los que hoy lloran su ausencia, pidiendo al Señor que los conforte con la esperanza cristiana y el consuelo que brota de la Resurrección».
Ismael nació en Aguilar de la Frontera (Córdoba). Licenciado en Medicina por la Universidad de Córdoba en 1983, se especializó en Oncología Radioterápica en 1988 y, dos años más tarde, se doctoró en Medicina en la Universidad de Sevilla.
Comenzó a trabajar en el Hospital Regional Universitario de Málaga en 1990 y en 1996 asumió la jefatura del Servicio de Oncología Radioterápica del citado centro hospitalario. De 2020 a 2022 ocupó la dirección médica del Hospital y fue miembro de la Comisión de Deontología Médica del Colegio de Médicos.
Homilía en la Misa Funeral, por el sacerdote Gabriel Leal
Como Jesús hizo con Marta y María, hermanas de su amigo Lázaro, también nosotros hemos venido a acompañar a la familia de Ismael. Venimos conmovidos por la muerte de Ismael, pero llenos de esperanza porque sabemos que la última palabra sobre nosotros no la tiene la muerte, sino el Señor, Jesús, en quien Ismael creyó y a quien amó profundamente. Él no lo dejará en la muerte, sino que lo resucitará en el último día.
Como Jesús, queremos estar muy cercanos a Toñi, a sus hijos y a toda su familia
Toñi nos envió el lunes el siguiente mensaje al Equipo de Ntra. Señora 85: “Querido equipo … Ismael empeoró… y estamos en sus momentos finales… En estos momentos duros os pido vuestra oración”.
Un mensaje que nos conmovió a todo el equipo. Ismael y Toñi fueron los monitores de nuestro equipo, al que han seguido siempre muy cercanos.
Apenas leí el mensaje vinieron a mi memoria las palabras que la segunda carta a Timoteo pone en labios de san Pablo: «El momento de mi partida es inminente. He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día» (2 Tim 4,7s.).
Ismael se nos ha ido, después de “combatir” el noble combate de una vida de fe. El combate:
- De su dedicación a la medicina, hecha no solo con sabiduría y competencia científica, sino con un trato cercano, delicado y lleno de ternura hacia sus pacientes. No puedo olvidar los comentarios que se hacían mientras esperábamos para recibir nuestra sesión de radioterapia: la bondad de Ismael, su preocupación y cercanía a cada uno de nosotros. Siempre desde su experiencia cristiana explícitamente confesada.
- Su defensa continua de la vida humana y su dignidad, desde el comité ético y los numerosos foros donde tuvo ocasión de participar.
- Facilitando durante el covid la posibilidad de acompañar a los enfermos y de recibir la atención religiosa de quien la pedía, preservando la seguridad de todos.
- La dedicación a la familia, cultivando y alimentando su vida conyugal en su Equipo de Nuestra Señora.
- Su disponibilidad para servir a la Iglesia, no solo desde la acción pastoral que se hace desde los equipos, sino asumiendo con Toñi la responsabilidad diocesana de la Delegación de Pastoral Familiar que nuestra diócesis les pedía.
- Finalmente el combate de la enfermedad que no ha hecho solo, sino con la gracia de Dios, llevado por la mano del Buen Pastor, como hemos rezado en el salmo responsorial; el Buen Pastor que, especialmente en los años de su enfermedad, se ha valido de nuestra querida Toñi.
- Y siempre practicando la caridad con discreción.
El combate de su vida es un testimonio de vida cristiana que merece ser continuado. Confiamos que Dios, misericordioso y fiel, acoja a Ismael en el cielo y le de la corona de gloria prometida. Así lo pedimos y esperamos.
Damos gracias a Dios por los dones que le ha dado a Ismael y que él, como discípulo fiel, ha hecho fructificar. Damos gracias a Dios que nos ha dado la alegría de conocer y tratar a Ismael.
Pedimos al Señor que conforte, con su amor y esperanza cristiana, a su esposa, a sus hijos y a toda su familia.
El cuerpo y la sangre del Señor que en unos momentos recibiremos nos dará la fuerza necesaria para completar nuestra “carrera” hasta la vida eterna.
