El sacerdote Luis Jiménez, delegado de Misiones, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.

Comentario al evangelio del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario
Somos siervos del reino de Dios, servimos amor en lo ordinario de cada día FANO

Los discípulos le hacen a Jesús una petición: «Auméntanos la fe». Recordemos que en otra ocasión le habían pedido: «Enséñanos a orar». A medida que Jesús les va haciendo descubrir el proyecto de Dios y la gran tarea que les quiere encomendar, los discípulos sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe. Sienten que no les basta la fe que viven desde niños para responder a su llamada. Necesitan una fe más robusta y más firme.

Con frecuencia, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

A través de la historia, los seguidores de Jesús han vivido años de fidelidad al Evangelio y horas oscuras de deslealtad. Tiempos de fe recia y también de crisis e incertidumbre. ¿Acaso no necesitamos pedir de nuevo al Señor que aumente nuestra fe?

Sí, Señor, auméntanos la fe, danos una fe fundada en tu presencia viva en nuestros corazones y en nuestras comunidades creyentes. Danos una fe contagiosa, una fe misionera que nos oriente hacia una fase nueva de nuestro cristianismo. Ayúdanos a vivir humildemente nuestra fe con pasión por Dios y compasión por el ser humano.