Primero de mayo
//Cottonbro

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

En los últimos años, se ha producido en nuestra tierra un notable dinamismo económico, impulsado principalmente por el turismo, los servicios, la construcción, la logística y el sector tecnológico. Este impulso ha permitido que la provincia de Málaga cerrara 2025 con cerca de 739.000 afiliados, alcanzando cifras históricas de ocupación. Asimismo, el desempleo se ha reducido hasta situarse en torno a las 110.000 personas, una mejora significativa respecto a años anteriores. Sin embargo, estos datos conviven con problemas estructurales del mercado laboral que afectan especialmente a jóvenes, mujeres, migrantes y personas con baja cualificación, consolidando situaciones de desigualdad y vulnerabilidad.

Alentar el compromiso

En este contexto, deseo recordar algunas consideraciones que pueden alentar el compromiso de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en este ámbito, tan decisivo para el desarrollo integral de las personas y las familias, tanto en sus necesidades materiales como espirituales:

1. En un tiempo en el que algunos sufren condiciones de trabajo inhumanas, otros aspiran a vivir sin trabajar y no faltan quienes dedican su vida exclusivamente al trabajo, conviene subrayar su valor, como derecho fundamental ligado al bien común y a la justicia social, y como obligación para quienes están en condiciones de realizarlo, pues así crecemos personalmente y mejoramos la sociedad. El trabajo no es una mercancía, sino que debe estar al servicio de la persona; tampoco puede convertirse en un ídolo que haga descuidar nuestras necesidades espirituales y relacionales.

2. Ante la creciente realidad de trabajadores y trabajadoras cuyos salarios resultan insuficientes para afrontar el coste de la vida, dificultando llegar a fin de mes y, más aún, acceder a una vivienda; es necesario recordar la importancia de favorecer políticas sociales que posibiliten y garanticen un salario justo que cubra al menos las necesidades vitales del empleado y su familia, tal como señala la Doctrina Social de la Iglesia desde el S. XIX (cf. Rerum Novarum 32).

«El trabajo no es una mercancía, sino que debe estar al servicio de la persona; tampoco puede convertirse en un ídolo que haga descuidar nuestras necesidades espirituales y relacionales»

3. No debemos bajar la guardia en la protección de la seguridad, velando por condiciones que favorezcan el bienestar físico y psicológico de las personas trabajadoras, pues «la falta de salud laboral tiene que ver mucho con la calidad del puesto de trabajo» (Nota de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, 28 de abril de 2023).

4. Finalmente, deseo llamar la atención sobre la situación de muchos inmigrantes, para evitar toda forma de explotación. «Para la Iglesia, el emigrante, independientemente de la situación legal, económica o laboral en la que se halle, es una persona con la misma dignidad y derechos fundamentales que los demás» (Conferencia Episcopal Española, La Iglesia en España y los Inmigrantes, n. 5).

Concluyo esta carta agradeciendo el esfuerzo de quienes son responsables y solidarios en su puesto de trabajo; de los empresarios que se empeñan en mantener y crear empleos dignos; y de los gobernantes y sindicalistas que promueven un trabajo de calidad también a los más débiles. 

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.