Entrevista a Gonzalo Martín, predicador de la novena a la Virgen de la Victoria, patrona de Málaga y su diócesis. El sacerdote, natural de Toledo, se presenta así: «Cristiano gracias a la fe recibida en mi familia. Cura gracias al testimonio de otros sacerdotes. Andariego por muchas y distintas parroquias y pueblos de nuestra diócesis. Ordenado en el 90. Queriendo mucho a la gente, cargando con el peso de mis pecados, pero muy agradecido a Dios por sus constantes caricias de misericordia y fortaleza. Un cristiano entre la gente y sacerdote para servirles. Párroco de la virgen del Carmen de Benalmádena Costa y delegado de Catequesis».
¿Cómo es tu vinculación a María? ¿Y a María bajo la advocación de la Victoria?
Mi vinculación a la Virgen María nace prácticamente con mi vida. Desde pequeño, en mi familia me enseñaron a quererla como una verdadera madre. Aprendí a acudir a ella en los momentos de alegría y también en los de dificultad. A lo largo de mi sacerdocio he procurado poner todo en sus manos: mi vida, mi ministerio, mis preocupaciones, mis proyectos pastorales… Porque sé que ella siempre lo presenta a su Hijo.
Con la Virgen de la Victoria esa relación tiene un matiz muy especial. La siento como la Madre de nuestra diócesis, la que nos reúne, nos protege y nos impulsa a caminar siempre hacia Cristo.
¿Cuál fue tu primer contacto con ella, con la patrona?
Mi primer contacto con la Virgen de la Victoria fue siendo un poco más joven, tendría unos 8 años de cura y ya voy a por los 36. Cada año participábamos en la romería del Cristo de la Sierra, en Valle de Abdalajís. Salíamos desde Málaga y antes de comenzar, hacíamos el primer ofrecimiento floral y oración precisamente en el Santuario de la Victoria. Aquellas visitas fueron sembrando en mí un cariño muy especial hacia nuestra patrona.
El año pasado viví otro momento muy significativo. Después de conseguir una imagen de la Virgen de la Victoria, que hoy preside mi parroquia colocada sobre el sagrario, recibí la llamada para predicar uno de los días de la novena. Lo viví como una auténtica caricia de la Virgen, como una elección inesperada y una confirmación de su protección maternal. Incluso en mi propia familia la siento muy presente, porque mi sobrina lleva el nombre de Victoria, un nombre que para nosotros siempre evoca confianza, esperanza y bendición.
¿Cuál de sus virtudes como modelo de creyente le pides más para ti?
Le pido, sobre todo, su fe. Esa capacidad de creer incluso cuando humanamente parecía imposible. María no entendió siempre todo lo que Dios le iba mostrando, pero nunca dejó de confiar. Quisiera tener esa disponibilidad, esa confianza absoluta y esa fidelidad constante para decir cada día, como ella: «Hágase en mí según tu palabra».
«Ahora que esta ciudad tiene un equipo de primera… que la Virgen de la Victoria nos conceda por su intercesión, ser una diócesis de primera, en fidelidad a su Hijo, en espíritu de escucha y de discípulos misioneros»
¿Qué puede enseñarnos en estos tiempos de sinodalidad?
María es el mejor modelo de una Iglesia sinodal. Ella escucha antes de hablar, acoge sin excluir a nadie, sabe caminar con los demás, permanece unida a la comunidad y siempre conduce hacia Jesús, nunca hacia sí misma.
Nuestra diócesis está recorriendo un hermoso camino sinodal y creo que María nos enseña precisamente eso: que todos tienen un lugar en la Iglesia. Ella abre los brazos a todos, da cobijo a todos y nos recuerda que caminar juntos solo es posible cuando aprendemos a escucharnos, a acogernos, a servirnos y a mirar siempre a Cristo como centro.
¿Cómo vives esta responsabilidad?
La vivo con una inmensa alegría, con mucha gratitud y también con un profundo sentido de responsabilidad. Predicar en la novena de la Patrona de Málaga no es un reconocimiento personal, sino un regalo inmerecido del Señor a través de su Madre. Solo le pido a la Virgen que me conceda hablar con sencillez y que mis palabras ayuden a muchas personas a encontrarse con Jesucristo. Si alguien sale del Santuario queriendo más a la Virgen y siguiendo más de cerca a su Hijo, habrá merecido la pena.
¿Qué te gustaría que se llevaran los miembros del pueblo de Dios de esta novena?
Me gustaría que todos saliéramos con el corazón renovado. Que nadie abandone la Catedral igual que entró. Que cada persona experimente que tiene una Madre que lo conoce, lo ama y nunca lo abandona. Ojalá esta novena nos ayude a descubrir que María siempre nos lleva a Jesús, nos anima a vivir el Evangelio con alegría y nos impulsa a ser discípulos y misioneros en medio del mundo.
«Me gustaría que todos saliéramos con el corazón renovado. Que nadie abandone la Catedral igual que entró. Que cada persona experimente que tiene una Madre que lo conoce, lo ama y nunca lo abandona»
¿Qué le pides especialmente a nuestra patrona para nuestra Iglesia de Málaga?
Le pido, ante todo, unidad. Que caminemos verdaderamente como una sola familia diocesana, escuchándonos, queriéndonos y trabajando juntos por la evangelización. Le pido que sostenga a nuestro Pastor, a los sacerdotes, a los seminaristas, a las personas de vida consagrada, a las familias, a los catequistas, a los jóvenes y a todos los laicos comprometidos. Que despierte nuevas vocaciones y que nadie se sienta excluido de la Iglesia. Y le pido una gracia muy concreta: que todos sintamos a la Virgen de la Victoria como la Madre que nos sostiene cuando caemos, nos ama incondicionalmente y nos enseña el camino para conocer más a Jesucristo, amarlo de verdad y servirlo cada día en el rostro de nuestros hermanos. Y ahora que esta ciudad tiene un equipo de primera… que la Virgen de la Victoria nos conceda por su intercesión, ser una diócesis de primera, en fidelidad a su Hijo, en espíritu de escucha y de discípulos misioneros.
