La comunidad parroquial de El Salvador, el domingo 11 de octubre, celebró su 50 aniversario, medio siglo de servicio y comunidad, con la presencia del obispo de Málaga, D. José Antonio Satué y acompañada por numerosos sacerdotes y fieles.
Como explica su nuevo párroco, quien también tomó posesión en dicha celebración, son «50 años en los que Dios ha caminado con nosotros y ha dejado su huella en la vida de tantas personas. Una parroquia que ha sido casa, familia, refugio, lugar de encuentro».
La celebración de la liturgia fue preparada con todo cariño por la comunidad. «En ella vibramos al elevar la voz con el coro parroquial: “creo, amo, espero, sencillamente, porque eso es confiar, entregarse y seguirte, sencillamente”», explica Musella. «Nuestro obispo, a quien agradecemos de corazón su presencia entre nosotros en ese día tan significativo, recordó a todos que el titular de la parroquia es El Salvador. Nos indicó dejarnos pastorear por Cristo, para estar presentes, ser compasivos, dar credibilidad y estar en actitud atenta de salida para trasmitir y mostrar la fe con alegría».
Al párroco propuso permanecer en el Señor y la cercanía, y a la comunidad, practicar el Evangelio mediante la visita, el acompañamiento y la ayuda a los hermanos. «“Id” nos dijo a todos los presentes», cuenta el P. Salvatore Musella, quien detalla que además manifestó «la necesidad de mantenernos en camino, de ser Iglesia y comunidad viva “ de puertas abiertas “. Una parroquia inclusiva, donde se quiera estar, a donde se quiera ir, a donde se elija querer acercarse. Simplemente misionera y fiel a Cristo. Nos recordó que seguimos llamados a la oración, al servicio y a la continuidad iniciada desde 1976 y que es hoy nuestra misión».
Se recordó con agradecimiento a los párrocos que han acompañado hasta hoy la vida de esta comunidad: el sacerdote Segismundo, los frailes Capuchinos y los Padres Vocacionistas.
En la Eucaristía participaron, además del clero y la comunidad parroquial, algunos representantes de las autoridades civiles, religiosas, laicos y familias. «Y con la Salve rociera y bajo el amparo de María, Madre, Pilar, Protección y Auxilio, finalizó la liturgia para continuar con un ágape fraterno en los salones de la parroquia, abiertos, de par en par, a esta nueva etapa futura desde y con El Salvador», afirma Musella.
