Melendi, un músico como la copa de un pino, ha creído en los mayores. Ha apostado por darles vida a una generación maravillosa llena de sorpresas.
Hoy estaba dispuesto a escribir sobre la desbandada de los parlamentarios el pasado viernes, cuando huyeron a la despavorida del Congreso, para llegar a tiempo a sus aviones y trenes y descansar pronto del agobio al que les tenemos sometidos los españolitos. O iba a comentar como los congresistas de Córdoba y de Guadalajara se sintieron muy motivados por el futuro de las costas de sus respectivas provincias; ancha es Castilla y hermoso es Al Andalus, que llega hasta la mar mediterránea. Ni siquiera quiero hablar de la búsqueda de motivos para implantar los “sacramentos” sin Dios, por parte de algunos políticos empeñados en copiar las celebraciones de los católicos.
Para mi es mucho más importante la aparición de un programa en la Primera de Televisión Española bajo el título de Generación rock. Un músico famoso: Melendi, con un pasado lleno de actividades sui generis, pero un músico como la copa de un pino, ha creído en los mayores. Ha apostado por darles vida a una generación maravillosa llena de sorpresas y de capacidad de transmitir energía desde sus cuerpos un poco desvencijados.
¡Qué maravilla de programa! ¡Qué quince seres más entrañables! ¡Qué bien lo han entendido los músicos! ¡Qué capacidad de transmitir sentimientos y ejemplos de vida plena entre los participantes! Hace mucho que no veo un programa tan real, tan desinhibido, tan lleno de encuentros entre generaciones. Abuelos y abuelas coraje, al lado de sus hijos y nietos que les animan y se sienten orgullosos de ellos.
Les recomiendo que vean esta serie de programas. A mí, la primera de sus entregas me ha fascinado. Por cierto, a ninguno de ellos le ha dado vergüenza reconocer su fe y su religiosidad. El de aspecto más rockero (el de luengas barbas) dice que cuando más disfruta es cuando canta en su parroquia. Ole por mis chavalotes.
