El Papa Francisco I es uno de los componentes del “segmento de plata”, que tienen edad para estar jubilados, pero capacidad para seguir en activo a pleno rendimiento. Y está dando la talla.
Tenía previsto esta semana comentar la celebración de la fiesta del “Mater Dei” en nuestra ciudad, pero estimo que ya ha sido extensa y convenientemente comentado por personas con más y mejor criterio que un servidor. Yo, que a mi provecta edad, no estoy por la celebración de procesiones en exceso, me tuve que rendir ante el alarde de buen gusto, exquisita presentación y ajustada adaptación de nuestro carácter “semanasantero” a este otro tipo de conmemoración en el que, gracias a Dios, se ha huido de la parafernalia y los lugares comunes, dando una imagen a toda España de una celebración extraordinaria. A mí personalmente me emociono sobre todo la despedida del trono de Maria Reina de los Cielos con el que se cerró la procesión. El canto de un Avemaría a pulmón pleno por cuantos abarrotaban la plaza del Obispo me hizo recordar muchas etapas de mi vida y me puso los vellos de punta.
Pero a lo que íbamos. El Papa Francisco I es uno de los componentes del “segmento de plata”. Como les he dicho muchas veces el “segmento de plata” recoge a los miembros de esa generación que tienen edad para estar jubilados, pero capacidad para seguir en activo a pleno rendimiento. Él es un digno representante del grupo de mayores en plena forma y, bien sabe Dios, está dando la talla.
La última noticia que me ha llegado de él, me ha reconciliado con el Vaticano; un espacio que a veces que parece que está habitado y regido por extraterrestres que no han aterrizado en este mundo. Ante la grave situación producida por las recientes inundaciones en Méjico, no ha dudado en transferir inmediatamente 100.000 dólares desde el pontificio Consejo “Cor Unum”. El Papa, ha puesto en practica el dicho popular con el que comienzo este artículo: “primo indemnizare e dopo parlare d’ amore”. Primero ha enviado los fondos que ha podido y después les ha expresado su consuelo y solidaridad con Méjico así como la petición urgente a los Obispos y católicos en general de aquél país de que continúen en la línea de ayuda que han iniciado: "Hondamente preocupado por las dramáticas consecuencias del paso de los fenómenos", el obispo de Roma se suma así a los esfuerzos de la Iglesia católica en México, que, "como lo ha hecho siempre en situaciones semejantes, desde el comienzo de la desgracia ha estado cerca de quienes han perdido a sus seres queridos y se han quedado sin hogar y sin patrimonio”.
Me permito reflejar a continuación que es y a que se dedica el anteriormente citado Consejo “Cor Unum”: El Pontificio Consejo Cor Unum para la promoción humana y cristiana es una parte de la Curia de la Iglesia Católica. Fue establecida por el Papa Pablo VI el 15 de julio de 1971. El nombre del pontificio consejo significa "un solo corazón", un nombre que explica Pablo VI en un discurso pronunciado en 1972: "Así que fuimos capaces de darle a su acción eclesial de ayuda el nombre de un corazón, un corazón que late en ritmo con el corazón de Cristo, cuya compasión por las multitudes hambrientas les llega incluso en su hambre espiritual". Su misión es "el cuidado de la Iglesia católica hacia los necesitados, que se favorezca la fraternidad humana y se manifieste la caridad de Cristo", y se compromete a esta misión mediante la realización de operaciones humanitarias de socorro después de los desastres, el fomento de la caridad, y fomentar la cooperación y la coordinación de otras organizaciones católicas.
Bien por el Papa. Ha hecho lo que tenía que hacer y ha sacado a la luz instituciones que están por ahí y suenan poco, quizás por aquello que “no se entere la mano…”, o bien porque estaban un poco en stand by. Viva el Papa. Que viva muchos años y le dejemos hacer lo que le manda su corazón y le dicta su espíritu. Lo está bordando.
