La población ve a sus representantes como una carga inevitable incapaz de solucionar los graves problemas que acucian al país.

Pues, estadística en mano, más del setenta por ciento de los españoles no cree que Rajoy dijera la verdad al Parlamento. Y, casi con la misma fuerza porcentual, los citados españoles entienden que Rubalcaba fue incapaz de demostrarlo ni sería el recambio que necesita España.

Por otra parte, resulta alarmante la calificación popular que obtienen los políticos españoles de forma individual y colectiva. O sea, uno a uno y por partidos. Ninguno llega más allá del tres y pico. Por otra parte, la población ve a sus representantes como una carga inevitable incapaz de solucionar los graves problemas que acucian al país.

Conviene decir que, con ligeras variantes, el fenómeno se generaliza de forma mundial en una especie de crepúsculo del uso democrático tradicional. Los Partidos Políticos y su funcionamiento dejan indiferente a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Es más, grandes capas de la sociedad los consideran estructuras caducas e inevitables.

Como alternativa, surgen los llamados Movimientos Populares cuyo núcleo activo, el corazón de su existencia, es la protesta. La protesta sin adjetivos. La rebelión contra un horizonte inmediato tan oscuro como injusto.

Los Movimientos Populares no tienen el sabor germinal de un mundo nuevo regido por mejores normas. Se quedan en la negatividad del derribo. Gritan para atacar lo existente pero no ofrecen las bases de algo potencialmente mejor.

Solo una cosa puede cambiar ese trozo egoísta e inatrapable que conocemos como “corazón humano”: el Amor. ¿Dónde está? El apóstol San Juan hace una maravillosa confidencia. Dice: "Dios es Amor".

En el encuentro personal con Jesucristo, personificación del Amor de Dios, está el nacimiento de algo nuevo, de un nuevo ser humano que no destruya todo lo que construye. Si le pegamos un repasito a la historia vemos una película elocuente: desde la mitad del siglo XIX hemos corrompido todo lo imaginado para dotar a la humanidad de una autoredención eficaz. ¡Ah! Jesucristo no es ideología sino la transformación total del hombre.