Si la Iglesia de Cristo pervive durante XXI siglos es porque, al final, la gente ve algo distinto en nosotros, el mensaje es auténtico e irrebatible para los hombres de buena voluntad.
Estoy harto de observar como se nos descalifica -cuando no se nos insulta directamente- por mor de que intentamos vivir el cristianismo de una forma comprometida y participativa. Se ha puesto de moda un catolicismo light de cumplimiento –cumplo y miento-, de asistencia a los grandes eventos, a ser posible con nuestras mejores galas y un bastón, a una sacramentalización de boato y conveniencia y otras formas externas que no aterrizan en el seguimiento de Cristo.
Ante cualquier pregunta sobre la fe, el interrogado manifiesta ser creyente pero no practicante, cuando no alega que “cree en todo menos en la Iglesia y en los curas”. Nunca sabré a ciencia cierta que es “todo”. Para rematar se confiesa no ser “meapilas”, ni siquiera “capillitas”, que es un escalón intermedio. Parece ser que aquellos que intentamos vivir el Evangelio y andar por el mundo imitando –malamente, eso sí- el estilo de vida de Jesús, somos uno “bichos raros” a los que se nos debe incluir en el apartado de sectarios cuando no directamente en el de los orates.
Encima los “de dentro” hemos creado una serie de “apartadillos”, opciones de vida cristiana que, sin querer, crean divisiones entre nosotros a la hora de vivir nuestra vocación de cristianos. Hace muchos años que vengo reflexionando sobre la necesidad de que no seamos ni progresistas ni conservadores, ni de Roma ni de la Conferencia Episcopal, ni de Pedro ni de Pablo. Pienso que debemos radicalizarnos –es decir: volver a las raíces- y aterrizar en las pequeñas comunidades que intenten seguir y vivir las perseverancias de los primeros cristianos; compartir los bienes, la oración, la Palabra y la Eucaristía.
Espero que algún día se haga efectivo el designio de Jesús para sus discípulos, que se traduzca en una evangelización por los hechos y las palabras. De todas formas algo se va consiguiendo. Si la Iglesia de Cristo pervive durante XXI siglos es porque, al final, la gente ve algo distinto en nosotros, el mensaje es auténtico e irrebatible para los hombres de buena voluntad y en algunos, se ve la presencia de Dios que hace exclamar a la gente, a veces con admiración, otras con envidia -cuando no desprecio-: mirad como se aman.
De meapilas nada. Y menos de capillitas. Que no nos descalifiquen ni nos insulten. Aspirantes a cristianos a secas.
