El ser humano es más importante que la patria. Jesucristo vino a llamar hombres y mujeres, no estados ni naciones
Dice Duran i Lleida que la consulta independentista propuesta por Artur Mas es conveniente pero “hay otros problemas”. Alrededor de estas palabras los analistas políticos han lanzado opiniones de todo tipo. Muchos creen que expresan cierta tibieza nacionalista. Es difícil precisarlo. Por lo general, el lenguaje político resulta ambivalente y oscuro. En cualquier caso, el problema está ahí por encima de las opiniones euforias o tibiezas. Pero no es eso lo importante sino que ocurre cuando España atraviesa un momento crucial de su Historia reciente. Hay pobreza en el país, pobreza severa; extrema en abundantes casos. Ante eso, resulta irrelevante cualquier otro asunto. El hambre y la ansiedad de miles de personas que han perdido su empleo, o están al borde de perderlo, centra cualquier otra discusión. O debiera centrarla.
A nadie se le escapa que precisamente la debilidad del Estado propicia la carrera independentista catalana. Estoy seguro que muchos catalanes, quizá bastantes más de lo que indican las encuestas, piensan así, al margen de la magia envolvente de banderas, himnos y discursos.
Algún nacionalista, en el fragor de la calentura patriótica, dijo que quería rescatar a su nación sojuzgada.
De ninguna manera deseo entrar en el conflicto. Ignoro, como todos los nacionalistas, si los catalanes serán más felices y prósperos en un hipotético futuro. En cualquier caso, lo deseo de corazón. Solo hacer una breve reflexión sobre el concepto “patria”; Nominalmente nació en el siglo XIX contrapuesto al poder absoluto de los reyes. Evoca emociones profundas que enraízan en el nacimiento de las naciones y el habla de sus habitantes. Pero el ser humano es más importante que la patria. Jesucristo vino a llamar hombres y mujeres, no estados ni naciones. Dice: «Ven Pedro», «ven Mateo»… Y es que el ser humano es patria, una patria más valiosa que todos los artificios nacionales o nacionalistas.
