El Papa ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Con su palabra y su ejemplo.

Pastores oliendo a oveja

“Sean pastores con olor a oveja para ir a las periferias donde hay sufrimiento”. “El verdadero pastor tiene que oler a pueblo, no a oficina”. Estas frases pronunciadas por el Papa Francisco me han hecho pensar. Y espero que también lo haya hecho a los pastores consagrados de la Iglesia. Por supuesto que ya hay muchos responsables de la transmisión de la Buena Nueva que salen a las calles a proclamar la misma. Muchos de ellos se fajan con la pobreza, la enfermedad y la soledad viviendo el estilo de vida de Jesús. Pero otros muchos, (entre los que me cuento humildemente, dada mi calidad de sacerdote, profeta y rey, adquirida por el bautismo y la confirmación), nos quedamos en nuestros cuarteles de invierno “viéndolas venir”.

Especialmente los seglares, (escuché decir un día a D. Fernando Sebastián que en el siglo XXI evangelizarían los seglares o no se evangelizaría), tenemos que salir de los templos, después de cargar las pilas en la comunidad que en ellos se reúne, y transmitir con firmeza y respeto el Evangelio, con palabras y con hechos. Pero si además los pastores consagrados se mezclan más con sus ovejas, sin escudarse en conocimientos ni ropajes, conseguiremos transmitir a las nuevas generaciones un mensaje de Jesús más vivo y liberador.

El Papa ha vuelto a poner el dedo en la llaga. Con su palabra y su ejemplo. Ya lo están criticando algunos. Hay quién no entiende que la Fe es un “salto al vacío”. Que “la fe sin obras es una fe muerta”. En fin, nada nuevo. Pero verdades que, a veces, olvidamos y es bueno que se nos recuerde.