Hoy por hoy, desgraciadamente, se están viviendo vía-crucis vivos entre nuestros hermanos cercanos
Hace años que aspiro a ser “fijo” entre el grupo de “segmenteros de plata” que se reúnen en el centro de mayores de “la torre”. Junto a ellos, he aprendido lecciones magistrales de la universidad de la vida; de la república, la guerra incivil y la posguerra; de las fortunas adquiridas y destruidas con la especulación y la “vida alegre”; de las fobias y filias para varias generaciones y, finalmente, de su capacidad para escuchar y aprender.
Creo que me respetan, hasta el punto de aguantar mis errores con el dominó, mis intentos de evangelización a mi manera y mis largas horas de conversación. Me preguntan por los niños del “biberódromo” y cada año me suministran leche o pañales para los mismos.
El domingo de Ramos aparecí por allí para dar una vuelta a los amigos. Hablamos de fútbol, de política, de lo divino y de lo humano y, finalmente, me mostraron con orgullo una mesa repleta de alimentos (cuya foto acompaño) que habían recogido para entregar a la Cruz Roja local.
Pienso que es la mejor manera de celebrar el día del Amor Fraterno; “misericordia quiero, no sacrificios”, nos dice la Palabra de Dios. Hoy por hoy, desgraciadamente, se están viviendo vía-crucis vivos entre nuestros hermanos cercanos, hay quien no tiene con que alimentarse, donde reposar su cabeza, un techo donde cobijarse, ni siquiera una sonrisa de complicidad. Los llevamos de Anás a Caifás (Junta de Andalucía- Gobierno central- Ayuntamiento); de Herodes a Pilato (bancos- sindicatos-corruptos) y finalmente nos jugamos sus vestidos en subastas vergonzosas. Yo, a mi nivel, dejo de pasar por delante de mí los cristos de hoy cargados con la cruz del engaño (obligaciones preferentes, o sea las que prefieren los banqueros para estafar a los incautos), el abandono y la soledad. Vivo la Semana Santa como espectador que se fija en las imágenes encumbradas en maravillosos tronos y evito fijarme en el Jesús vivo vestido de hermano al que puedo, en mi medida servir de Cireneo.
Los “puretas” de Benagalbón estarán sentados con Él en el paraíso. Porque tenía hambre y le dieron de comer.
