En Semana Santa se celebra los misterios centrales de la fe cristiana, se celebra la fe en Cristo que «murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día».

Semana Santa

La fe en Jesús «nacido de la estirpe de David en cuanto hombre y constituido por su resurrección de entre los muertos Hijo poderoso de Dios según el Espíritu santificador».   En Semana Santa el cristiano celebra y comparte la experiencia de haber conocido a quien fue «entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación».  Y lo hace con la seguridad de saber «que no hay más que un Dios» (Cor 8, 6)  sabiendo que «Cristo padeció una sola vez por los pecados, el inocente por los culpables para conducirnos a Dios». 

Durante estos días, bien como protagonista o como espectador, vas a enfrentarte ante el misterio de la Redención.  Estamos ante una historia verdaderamente inagotable. A la que hay que acceder descalzo,  despacio, contemplativamente.  Estamos ante la historia que golpea una y otra vez cada primavera tu corazón, tu interior, tu alma.  Y la de miles de personas; da igual quienes sean, cuál sea su procedencia, su tendencia sexual o política, su vida, sus historias… La Semana Santa se celebra en los templos y en la calle. Es trágica, dulce y agónica. Es incomprensible, familiar y mistérica. La pasión, muerte y resurrección de Cristo como te descuides te envuelve de forma vertiginosa y te revuelca una y otra vez como las olas del mar.