Bienvenido sea el Padre Francisco, papa de la Iglesia de Cristo en el siglo XXI. Su elección es la Buena Noticia de hoy.

Padre Francisco

Desde el pasado miércoles vivo entre el asombro y la esperanza. Estoy asombrado de la repercusión mediática que ha tenido el nombramiento del nuevo Papa Francisco; las televisiones, los periódicos, las radios y las redes sociales han reventado de noticias y de cánticos de alabanza al nuevo pontífice. Otros, por lo menos, le conceden el beneficio de la duda. Muchos desean que el flamante nuevo Papa va a llevar el catolicismo por el camino más políticamente correcto, o por los derroteros que le quieren marcar aquellos que les conviene instaurar un evangelio a su medida. He escuchado decir a un “pope” de los medios que da su opinión desde su perspectiva de “agnóstico no practicante”. Toma del frasco. Todos quieren meter baza. Y están en su derecho. Pronto se desmarcarán de cuanto dice y hace, en cuanto no coincida con los neo-valores de esta sociedad.

Por otra parte, he recibido su nombramiento con esperanza. Estoy esperanzado en que la Iglesia vuelva a sus raíces, lejos del dinero, el poder y el prestigio; cerca de los pobres y los marginados, e intentando que los cristianos estemos al servicio, especialmente, de los alejados, a los que principalmente tenemos que evangelizar, es decir: darles la Buena Noticia desde el ejemplo. He observado con estupor como un político de tertulia, de esos que saben de todo, pontifica diciendo que si se venden todos los oros que posee la Iglesia en las tiendas de “compro oro” (sic), y se reparte su importe, se acabaría la pobreza en el mundo. A ver quien vende los regalos que la gente ha hecho a la Esperanza o al Cautivo y lo reparte entre los pobres. Que le pregunten al Obispo de Las Palmas. Otra cosa es que los cristianos seamos más solidarios. Somos muchos millones y arreglaríamos muchos problemas. Tampoco veo el Vaticano como una gran superficie ni la Catedral como la sede de la Junta de Andalucía.

Bienvenido sea el Padre Francisco I, Papa de la Iglesia de Cristo en el siglo XXI. Su elección es La Buena Noticia de hoy. Tendremos que ayudarle mucho. Su primer discurso fue hermoso y convincente. Pidió nuestra oración y la compartió con nosotros. Habló desde la humildad, con sus zapatos viejos de andarín por el metro y los autobuses. Pagando religiosamente (nunca mejor dicho) su deuda en la residencia que ha utilizado en el último mes. Ya han intentado ensuciar su imagen con una foto trucada con el General Videla. Le caerán otras muchas trastadas. ¡Ay si publicaran las fotos de muchos de nosotros en otras etapas de nuestra vida! A mí me gusta su sencillez, que habla claro y que le gusta el fútbol. Me recuerda a mi buen amigo el Obispo emérito Ramón.

El Papa ha dicho en su primera intervención que tenemos que caminar, educar y confesar. Caminar junto a los pobres, edificar sobre los cimientos de los primeros apóstoles, rompiendo con la pompa, la parafernalia y los gorrillos. Confesar nuestra fe. Sin Dios nada podemos. Tenemos que manifestar esta idea sin ningún miedo. Hablar del Señor desde el Señor y con el Señor. En su aparición ante miles de periodistas en el aula Pablo VI, les ha dicho que habla para todos, creyentes y no creyentes, porque todos somos hijos de Dios. Y ha mandado a esparragar a algún Cardenal americano escaqueado por Roma hasta que pase la tormenta. Me gusta.

Menuda homilía os he largado. Pero esto es lo que pienso yo, desde mi humilde puesto de aspirante a cristiano sin “gorrillo”. Sin cuidarme de la sintaxis ni la ortodoxia periodística. Desde mi alegría ante lo que veo y lo que intuyo.