Esta sociedad, la nuestra, sin valores trascendentes, aterriza en el marasmo o en la carcajada.

El cansancio o la burla

Las elecciones italianas dejan sobre el incierto panorama político europeo un archipiélago de partidos con sus respectivas propuestas ideológicas que, por lo menos a primera vista, parecen incapaces de llegar a un pacto estable de gobierno. Enseguida los “mercados” o, dicho de otra forma, “los mercaderes del dinero” han dado un “aviso” – digámoslo así- a los intereses de la Unión y las Bolsas. Inmediatamente han subido el precio del dinero.

Como puede suponerse, los más afectados son los países más débiles, a los cuales, claro, se les ahonda la crisis que ya padecen. Es una diabólica pesadilla incontrolable porque tiene dos cabezas. Por un lado, el poder de la economía que da al dinero un dominio absoluto sobre cualquier otra institución o asociación humana, y, por otro, el progresivo deterioro de los ideales que marcaron hace ya casi dos siglos los caminos de las democracias modernas.

Vuelve Berlusconi de mal recuerdo para una gran mayoría de europeos; gana Bersani que representa al llamado “Centro Izquierda” , de muy difícil traducción a la realidad social del momento y, por si faltara poco, aparece un humorista sin ideología determinada, como no sea la de la burla, que se llama Beppe Grillo. ¿Qué quiere decir? Pues creo que no es más que es que una manifestación de cansancio. Esta sociedad, la nuestra, sin valores trascendentes, aterriza en el marasmo o en la carcajada.