Los pueblos tienen necesidad de respirar fuera de la mediocridad, el insulto, o, simplemente el mesianismo palabrero a donde nos ha conducido no la política sino el mal uso de sus instrumentos

Partitocracia

El término “Partitocracia” no existe en Teoría Política. Ni en ninguna otra parte. Cuando lo escribo, el ordenador pierde su habitual frialdad robótica y lo subraya en rojo con indignación. Sin embargo, estoy convencido de que la Real Academia de la Lengua, terminará por admitirlo. Cuestión de tiempo. De lo contrario nunca podremos denominar, con rigor lingüístico, situaciones sociales como la presente. El espectáculo bélico de “todo contra el otro” que dan por estos días los partidos políticos españoles, es sencillamente lamentable. No hay cuartel.

Siempre – al parecer ingenuamente- hemos creído que un Partido es la consolidación , de una ideología; la codificación de determinados ideales que, a juicio de sus seguidores, podrían estructurar un mundo mejor que el que proponen los adversarios. Ojo, adversario no equivale necesariamente a enemigo. Resulta evidente que la realidad es bien distinta. En occidente, en general, y en España en particular, se practica cada día con mayor vigor, la técnica ganadera del “acoso y derribo” del que está enfrente. Al mismo tiempo, asistimos a un mensaje desabrido, bullanguero y sin aportaciones alternativas. Pero, de manera especial, carente de basamentos ideológicos. Las cúpulas de los partidos, sobre todo las de los grandes, parecen más interesadas en mantener unas siglas determinadas que en explicarnos las obligaciones y compromisos que de ellas se derivan.

Nos quedamos sin saber si, en este páramo materialista aportan algo ilusionante o una simple forma administrativa más o menos parecida a la anterior. Los pueblos tienen necesidad de respirar fuera de la mediocridad, el insulto, o, simplemente el mesianismo palabrero a donde nos ha conducido no la política sino el mal uso de sus instrumentos.