Getafe es una ciudad de aluvión, llena de un conglomerado de nacionalidades que conviven en paz y armonía.

El segundo altar

Hace un año que inicié mis reflexiones como creyente que pertenece al “segmento de plata” y, al mismo tiempo, observa la realidad que nos rodea. Me siento completamente satisfecho de lo realizado. porque ha servido para pararse y pensar, en primer lugar, a mí mismo y en segundo lugar y mucho más importante a los lectores de estos humildes comentarios.

El pasado fin de semana he vuelto a Getafe en aras de echar una mano a mi hijo en su ampliación de domicilio. Mi trabajo ha sido en concepto de acompañante de mi “sufridora” y como observador y notario de la actualidad.

Getafe es una ciudad de aluvión, llena de un conglomerado de nacionalidades que conviven en paz y armonía. En la parroquia de mis familiares -san Rafael-, siempre encuentro algo que me sorprende. Además de las 15 banderas de los países a los que pertenecen los feligreses, este año me he encontrado un segundo altar. En ambos se ofrecen los sacrificios; en uno, por medio de la Eucaristía; en el otro, por medio de bolsas de alimentos.

No me sorprendió la homilía. Se hablo de alegría y compartir. Se recordó la importancia de ambos altares y se transmitió fuerza y esperanza para enfrentarse a la vida durante la próxima semana. Lo que me sorprendió fue la actitud de todos. Común-unión a porrillo. Fusión de nacionalidades, situaciones económicas y personales y, sobre todo paz. Mucha paz. Están preocupados por una sola cosa: la visita pastoral del Obispo. A lo mejor le faltan algunos papeles, pero les sobra corazón. Que Dios les bendiga. Perdón, estoy seguro que Dios les bendice.