Si semejante iniciativa se hubiera producido en cualquier país del subdesarrollo la reacción del primer mundo hubiera sido bien distinta.

Prohibido envejecer

El mensaje del primer ministro japonés sobre la extraordinaria longevidad de sus compatriotas ha producido verdadero interés en el mundo occidental. Incluso en círculos de alto nivel científico. Hombre, es que el señor ministro se ha dirigido a la nación, especialmente a los ancianos, pidiéndoles que se mueran lo antes posible. Algo así como un Hara Kiri masivo y patriótico para aliviar las cargas del estado que, al parecer, resultan insoportables.

En primer lugar, es obligado reconocer que el señor ministro ha dado una auténtica lección porque él mismo anda ya alrededor de los setenta y tantos, o sea, está en línea de meta. Después, merece la pena una reflexión; si semejante iniciativa se hubiera producido en cualquier país del subdesarrollo la reacción del primer mundo hubiera sido bien distinta, pero Japón es una de las primeras potencias en todos los órdenes de la vida actual, en especial, su tecnología.

Algo hay, sin embargo, que subyace bajo la misma línea de flotación de lo que conocemos como vanguardia progresista; el valor intrínseco, inalienable, de la vida humana, de la vida en sí misma. Son valores cristianos que forman parte del primer mandato de Dios a los hombres: “no matarás” y se hace vida en el mensaje de Jesús. La vida humana es sagrada. El ser humano lleva dentro de sí el “Soplo divino” que le hace distinguir el bien del mal. Está en el punto cero o, si se quiere, en el principio del humanismo único desarrollado por los pensadores cristianos, a partir del Evangelio; Así es. Otras formas culturales no han tenido esta referencia original. Esto, solo esto, da lugar al estupor que producen peticiones tan insólitas como la japonesa, que, con toda frialdad e incuestionable lógica materialista, hace el señor ministro de aquel país supermoderno.