En el mundo existen más de 22 millones de niños y niñas refugiados o desplazados.

Se llama Mariam y es de Mali

Se llama Mariam y es de Mali. Sus ojos son del color de la ilusión, la que cada niño despierta en un corazón cansado, la misma que hace que el mundo gire sin descanso.

Se llama Mariam y es hija de nadie, hija de todos. Estrena sin temor una esperanza al día, y su sonrisa es ya el mayor de los triunfos.

Mariam es pequeña, no sabe qué es la guerra. Su tierra es hoy de barro, no hay ecos ya de risas en las calles desiertas. Su cuerpecito a salvo vibra, sin saberlo, por niños que descansan en lejanas cunetas.

Mariam no los conoce, son "hermanos de lejos". Comparten con nosotros el ser hijos del viento. Su vida es camino; sus pasos, los nuestros, y en su caminar errante, la humanidad entera recorre el planeta en busca de otra sierra, de otro mar, de otro aire. Es a Dios a quien buscan. Ese Dios que, en el silencio, templa su aliento, acuna sus sueños. Un padre, nuestro, para un mundo fraterno.