La vida es un don que recibimos de un hombre y de una mujer, y para los creyentes es también un don de Dios.

Tiempo de "amores líquidos"

La posibilidad del matrimonio y la adopcion para personas del mismo sexo ha provocado un fuerte debate social en nuestros vecinos franceses. Prueba de ello ha sido la multitudinaria manifestación del 13 enero en Paris bajo el lema "¿matrimonio para todos..?". Desde posiciones muy diversas, creyentes y no creyentes, católicos, judios, musulmanes ha defendido públicamente la vocación social que tiene el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Está bien que los poderes políticos defienden los derechos y libertades individuales pero no por encima del bien comun. El bien común es el bien de la comunidad en su totalidad, no la suma de intereses individuales, segun recuerda el documento de la Conferencia de Obispos de Francia. No se puede separar el amor conyugal de la procreación; tampoco podemos separar el amor fiel entre hombre y mujer, y el nacimiento de un hijo. La vida es un don que recibimos de un hombre y de una mujer, y para los creyentes es también un don de Dios. Esta diferenciación sexual es imprescindible para la vida y para la comprensión de lo que significa ser hijo. No se puede legislar en contra de los principios antropologicos de la sociedad.

Benedicto XVI recuerda que "la exigencias del amor no contradicen las de la razón. El saber humano es insuficiente y las conclusiones de las ciencias no podrán indicar por si solas la via hacia el desarrollo integral del hombre. Siempre hay que lanzarlas más allá: lo exige la caridad en la verdad. Pero ir más alla nunca significa prescindir de las conclusiones de la razon ni contradecir sus resultados. No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor" Caritas in veritate 30. Necesitamos "amores sólidos" para nuestra felicidad personal y para nuestra sociedad.