Existe una tendencia contemporánea a rechazar el cristianismo precisamente en aquellas culturas donde su acción ha sido más fructífera, donde ha sido más evidente la penetración de su mensaje.

El último baluarte

Como cada año por estas fechas, los granadinos conmemoraron el aniversario de la toma del reino nazarí por los reyes católicos hace 520 años. Y una vez más, también como cada año, volvieron a repetirse los actos de protesta por parte de determinados sectores que entienden esta celebración como sectaria. O sea, propia de un determinado grupo religioso – el cristiano en este caso- y, por lo tanto, no representativo de la totalidad social.

No voy a comentar nada sobre los beneficios que trajo aquella conquista. Son tan evidentes que parece innecesario. Quizá una recomendación muy simple; echar una mirada al mapa del mundo. Resulta extraordinariamente elocuente. No se olvide que los pueblos y las civilizaciones, son, como los hombres, consecuencia de su propia biografía. Pero, lejos de entrar en un análisis más o menos culturales o político siempre coyunturales, quisiera fijarme en un rasgo específico y sobresaliente de nuestra cultura occidental; su enorme frivolidad. Somos una civilización tecnificada hasta el extremo de la máquina. Nada “es” sólo “sucede”.

El gran Pirandello, aquel que escribió “Seis personajes en busca de autor”, exclama “así es si así os parece”. O sea, nada es bueno o malo, todo depende de vuestra visión interpretativa de las cosas. Pienso esto durante el descanso de una jornada festiva, cuando se ralentiza el ritmo de nuestro mundo y, a fragmentos inconexos, repaso la historia del cristianismo. Lo hago con toda la objetividad que es posible en un cristiano que quiere ser radical. El radicalismo cristiano consiste en amar al prójimo tanto como a sí mismo y a Dios sobre todas las cosas. Ese es el mandato.

Existe una tendencia contemporánea a rechazar el cristianismo precisamente en aquellas culturas donde su acción ha sido más fructífera, donde ha sido más evidente la penetración de su mensaje. Quizá la protesta anticristiana, en el caso granadino, proceda del desconocimiento. No se entiende de otra manera. Bien es verdad que el mensaje del Señor Jesús no se entiende en el ámbito de la violencia y la guerra como sucede en el caso de la conquista del reino de Granada, pero, aún así los resultados han sido evidentemente beneficiosos ante cualquier observación desapasionada. Es decir, en lo que ocurrió a partir de la conquista, o sea, en la acción civilizadora y evangelizadora