A los cristianos nos cuesta mucho trabajo manifestarnos como tales. Especialmente a los católicos. Hoy “no viste” ser creyente y practicar un estilo de vida conforme a nuestras creencias.

Manifestarse

El pasado año 2012 ha sido un período marcado especialmente por todo tipo de manifestaciones. La manifestación popular es una forma de presentar reivindicaciones, filias y fobias, frustraciones y deseos con la condición imprescindible de escudarse en la masa. Me parece una decisión justa y conveniente, aunque a mí casi siempre me dan miedo. Un grupo de personas manifestándose pacíficamente se puede transformar en un tropel o una encerrona trágica como hemos podido comprobar en muchas ocasiones.

Mi tendencia es, sobre todo, dada mi provecta edad, a manifestarme individualmente. Lo suelo hacer en privado, en pequeños grupos y, a calzón quitado, en los medios de comunicación. Todo ello en contra de la opinión de mi madre que siempre me decía “niño, no te signifiques… ni te apuntes en listas”. Reminiscencias de otros tiempos que sufrieron nuestros mayores.

A los cristianos nos cuesta mucho trabajo manifestarnos como tales. Especialmente a los católicos. Hoy “no viste” ser creyente y practicar un estilo de vida conforme a nuestras creencias. Se empezó por reconocerse como creyentes “light”. Se pasó por el “no soy practicante” (no confundir con ATS) y se ha acabado por proclamar con orgullo y un cierto aire de superioridad el ateismo o el agnosticismo militantes.

Especialmente en las tertulias radiofónicas o televisivas, los participantes, casi siempre antes o después de defender una tesis doctoral sobre lo divino y lo humano –especialmente lo divino-, se manifiestan, en su mayoría agnósticos. Un recurso que les aparta de Dios, pero que les preserva de negar la evidencia de un ser superior que, por otra parte, se les manifiesta a los sencillos y humildes de corazón y de inteligencia.

Siempre me quedo esperando a alguien, que seguro que lo hay, que defienda su cristianismo militante, su catolicismo lleno de defectos y de virtudes y su Iglesia de Cristo, casta y meretriz. En la posguerra presumíamos de catolicismo y ahora nos da vergüenza reconocerlo.

Espero que en el 2013 demos la cara. Con nuestra palabra y nuestro testimonio de vida. Esto nos hará más libres y más felices. Nos mirarán como bichos raros. Pero eso es lo que somos: unos maravillosos bichos raros. Tenemos que manifestarnos, pero uno a uno.