Del Portal de Belén no puede llegar nada malo para el mundo. En el Portal de Belén ocurrió el hecho insondable en grandeza y expresión de misericordia que jamás pudo imaginarse

El portal de Belén

Ya se sabe que la clase política vive en un permanente cara al público pero, hombre, algunas veces se pasa. Quiero decir que ofrece más de lo que su mismo público le pide.

Me refiero al espectáculo, entre sainetesco y melodramático, que ha dado una parte de la izquierda parlamentaria española ante la felicitación del presidente del Congreso. El señor presidente se ha atrevido - ¡hay que ver! – a felicitar las Pascuas con un tarjetón en el que aparece el Portal de Belén. Sus señorías se han indignado. El señor Centellas, diputado de I.U, ha sido el más fogoso, como su propio apellido exige, y ha calificado la aparición del “Portal” como peligroso.

Determinados católicos empedernidos, como el que suscribe, andamos a vueltas con el adjetivo y no le encontramos encaje. ¿Peligroso el portal de Belén?. Si algo resulta repetitivamente claro en el mensaje de Dios al mundo es su oferta de paz, “de buen Voluntad para con los hombres”. No; del Portal de Belén no puede llegar nada malo para el mundo. En el Portal de Belén ocurrió el hecho insondable en grandeza y expresión de misericordia que jamás pudo imaginarse. En el Portal de Belén, en fin, ocurrió algo que jamás pudo concebir una mente humana, tanto que, cuando se le explica a personas de cualquier otra religión lo entienden como blasfemia.

Hay algo que no acaba de entender la izquierda; existe como tal–como izquierda- por la acción anterior del cristianismo. Sería largo de contar y no hay suficiente espacio. El mensaje de Jesús enseñó algo insólito hasta entonces; todos los hombres son iguales. La dignidad de cada hombre es tan grande que el mismo Dios se hizo hombre. Este mensaje subyacía tanto en la sociedad como en las conciencias cuando Marx y Engles escribieron el Manifiesto. Y “El Capital” vio la luz en la cristianizada Inglaterra y se expandió en la evangelizada Europa. Hubiera sido inconcebible en cualquier otro ámbito geográfico religioso-político. Eso es así, exactamente así. El mensaje y la acción anticristiana de la izquierda proceden sobre todo de la ignorancia. O, quizá, de que su obsesión totalizadora y redentora no les deja tiempo para otra reflexión adicional.