En el arte del empeoramiento no nos gana nadie. Somos plusmarquistas de la discordia. Cada Partido legisla contra el de enfrente y a la recíproca.
Voces autorizadas del mundo de la política –voces de resonancia europea- aconsejan a los políticos españoles un acuerdo general y transitorio, por supuesto, para sacar al país de la crisis. Es decir, una especie de gobierno de concentración, o de coalición… o vaya usted a saber de qué. De momento, se firmaría un armisticio, si se me permite utilizar este término de resonancias bélicas, y después, claro, volverían las luchas político-fronterizas que son el aroma de la democracia española. Personalmente dudo bastante de la cristalización de esta sugerencia propuesta. Un literato español dijo que los españoles “somos gente del dos de mayo pero no del tres” Hombre, nuestra historia parece señalarlo así. Somos capaces de salir en tromba al toque de guerra, pero nunca en la paz.
El espectáculo actual es difícil aunque- ya se sabe- las cosas no están nunca tan mal que no que no puedan ponerse peor. En el arte del empeoramiento no nos gana nadie. Somos plusmarquistas de la discordia. Cada Partido legisla contra el de enfrente y a la recíproca.
La Constitución tiembla de frío en el país más antiguo de Europa. Nació hace treinta y cuatro años y, dígase lo que se quiera, dejó algún que otro agujero que los “padres constitucionalistas ” trasladaron a las generaciones futuras; aquí están ya esas generaciones, maduritas y mirándose con cara de perro, como mandan tradición y costumbre. Por ejemplo, el título octavo de llamada “Carta Magna” (por designarla con mayor autoridad de la que le concedemos en la práctica) establece la fragmentación del Estado en “Autonomías”.
Pero es y fue evidente que era necesario, obligado, llenarlas de contenido. Nadie se ha atrevido porque todos sabían que, como dijera el gran Ortega y Gaset, España estuvo invertebrada y sigue con la misma dolencia. ¿Hasta cuando?
